El malabarismo retórico

Le hago arrumacos a las letras, las invoco una y otra vez, pero no hacen caso; están acostumbradas a que no se las llame, o a que las llamas del amor encendidas se apresuren a extinguirse. Tristonas, torpes, malaconsejadas; cuando yo quiero, ellas disienten; cuando las llamo, no responden; cuando las fuerzo a que me obedezcan, se evaden por caminos intransitados, absurdos y sin ningún fin. Al principio, tomando esa masa uniforme, suma de los granos que emanan del racimo, intento encasillarlas y seleccionarlas, pero me irritan. Me hacen pensar que tengo yo la culpa, que por algún motivo impensable es ecuánime su feroz rechazo y su apatía comprensible. Pero yo, infinito escritor, sé que no es así. Ya he oído hablar de la indescriptible confusión de los ejércitos cuando se disgregan; unos son de allá, otros son de acá; pero ninguno calla ni obedece, ninguno atiende a la cabeza, boquiabierta, triste y olvidada. Yo, pastor inexcusable de mis ovejas, he de traerlas de nuevo al rebaño, enseñarles de una vez por todas quién es el que manda.

Todo aquél que aspira a conquistar la belleza, aunque sea en esculpir o hilvanar párrafos insignificantes, ha de comprender estos períodos de revolución; las metáforas se niegan a colaborar, las hipérboles se agrandan hasta la locura, las alegorías se refinan en el arte baladí y la pluma, aburrida y cargada de tanto desvelo inútil, se resiente al cabo y también se rebela contra su amo. ¡El amo! ¡Ese déspota cuyos ojos observan todo lo que hacemos y nos juzga! ¡Ese juez implacable que nos dice si somos buenas o malas! Bien han escuchado a hermanas suyas comentar que al análogo director de sus oficios lo tienen atolondrado, esclavo, sumiso coadjutor de sus caprichos y devotísimo cómplice de sus voluntades incoherentes. Las mías anhelan la utopía de despojarse del tirano que las oprime, y levantar su propio gobierno, proclamar una república y llenarla de viciosas y repetidas dictaduras. Ese fruto trae el desencanto del desorden, ese nihilismo tan ansiado por el deseo y tan aborrecible cuando se palpa con las manos. No ignoro que en estos siglos de revoluciones la paradoja de que sobreviva aún mi monarquía es algo intolerable, y que en algún momento, lo quiera o no lo quiera, habré de enfrentarme a la manifestación cruenta, liberal de mis letras.

¡Yo que creía que ya las tenía dominadas! Pero cuando ya las tengo a todas juntas y puestas en su sitio, de repente salen otras, se multiplican, nerviosas, empiezan a saltar, se ponen histéricas y la torre que con ellas había levantado, a la postre, se vuelve ruina. ¡Eso es lo que yo he hecho de mis letras! Triste ruina, obra de piedra, sí, pero antiestética, y si me apuran, hasta grotesca, tal que yo mismo cuando me veo a solas con ellas las critico como si las hubiera esculpido un hombre de los que acostumbro a señalar. Si los párrafos menudos ya son complejas hordas de alborotadas abejas, anárquico enjambre de insumisas, imagínese el lector cómo han de ser los personajes, pues no hay más que pararse a mirarlos y descubres una errata allí y otra acá, le tachas más errores de los que le tacharías a un ser humano y ya es decir. Aún no desempeño con maña el oficio de malabarista, y aunque revelo enorme prurito por aprenderlo y crear seres inmortales, no de carne y hueso, sino de tinta y papel, me encuentro al cabo de muchas horas consumido y frustrado, al borde de la histeria.

¡Lector, sé compasivo con la brevedad de estos cuatro párrafos! Porque aunque no andan muy bien liados, y podrían recabar mejor retórica, los juzgo aún como un pequeño grueso de mis fieles, una hogaza invalorable de mis servidores. Sueño algún día no sólo con poder armar y desarmar historias, sino aún levantarlas de sus tumbas en que andan tan aisladas y perdidas, y susurrarlas a los siglos nacientes en su propia cuna. La novela es un buen patrón de arreglo estético, quizás el mejor de todos, pero aún me faltan soberbios conocimientos para poder levantar una hueste de tal calibre y poder desfilar, junto con mis capitanes, por la senda tenebrosa de la imprenta.
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1 comentarios:

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Anónimo
admin
23:30 ×

Que buen título Samuel, por cierto lindo nombre tambien.....que bien se ve el escrito así puesto en algún lugar para leerese....felicidades Zaga!!!!!.....un beso de la anticuada de Tota.....

Congrats bro Anónimo you got PERTAMAX...! hehehehe...
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