De treguas permanentes, una falacia lógica y semántica

Existe un nuevo error semántico en eso de “la tregua permanente”, palabras que no dudo habrán hecho un esfuerzo supremo por enlazarse una con la otra, y hasta ahora, no alcanzo a entender que no se repelan. Las treguas no pueden ser permanentes, sino paréntesis que comienzan y acaban; son interludios, entremeses, nada más. Pero de esos matices semánticos en que se desliza la ciencia política y las leyes de la ambigüedad, nadie quiere acordarse. Cuando de paz se trata, en una guerra imaginaria, es preferible que nos nublen la vista con un léxico que crea muchas ilusiones y embelesa a los ingenuos. Así todo es más sencillo, no hagamos hincapié en el eufemismo, sólo tenemos que saber, como si fuésemos estúpidos, que ya tenemos paz, que ya no hay violencia ni extorsión, que es lo que al cabo nos interesa. Volvamos a nuestros negocios tranquilamente, echemos mano en la política de esa fe dogmática que tanto nos repugna en religión. Como los papagayos, rezaremos que el gobierno socialista, campeón de las causas perdidas, que José Luis Rodríguez Zapatero, Príncipe de Paz, conquistó para nosotros la utopía de la conciliación; que en poco tiempo, y por arte de birlibirloque, la banda terrorista ha entrado en los caminos del diálogo y el acuerdo, aunque hace unos días emitiera un comunicado en que descartaba cualquier proyecto de tregua y ratificaran su voluntad de luchar por que se les admitiera el derecho a la autodeterminación. Lo que ha ocurrido entre un comunicado y otro no es asunto que deba interesar al pueblo, sólo debe interesarnos que hemos logrado la paz, que el gobierno socialista ganó la guerra a la violencia.

Cuando, reposadamente, nos ponemos los contertulios a discutir sobre las declaraciones de los políticos, damos por sentado que son sinceros, que no vienen aleccionados, que no tienen intereses partidistas y personales. En ese momento, cuando cada cual defiende su ideología política, no existe la parcialidad, excepto en el otro, en el enemigo. Luego, cuando se habla de los políticos en general, pocos hay que no los tachen de corruptos, astutos, perversos, opresores, mentirosos y majaderos. Ponen al político a caldo, pero sin personalizar. El que siempre miente es el del partido contrario a mi ideología, ese es el político, ese es el corrupto, astuto, perverso, opresor, mentiroso y majadero. Se hacen la ilusión de ser libres y razonables, renegando muchas veces de las siglas de su partido, aunque no de su ideología. Ante sus adversarios son personas objetivas, circunspectas, acusándolos a ellos de todos los vicios ideológicos. Porque lo que en realidad se discute sobre la tregua de ETA, no es cuáles son los hechos realmente, sino cuál es la mente más lúcida y cuál la más perversa. Ocurre lo mismo entre los intelectuales; el juego ya no consiste en averiguar la verdad, sino en manifestar ante la opinión pública quién es el político más imparcial y desinteresado, o cuál es más fiel a la ideología en cuestión que a los intereses partidistas. Y nosotros, siguiendo su juego, lo tragamos todo, oímos las declaraciones de esos políticos a los que por lo general despreciamos, pero que en ese momento, por lo bonito que nos lo pintan todo, tienen razón. Son grandes publicistas, y grandes simplistas; enseñan política para beatos, para que aunque los despreciemos las más veces, en nuestro subconsciente, por unos cuantos valores que ya nos han inculcado, unos intereses creados a base de oír su labia religiosa y demagógica, nos acordemos de que hay que ir a votar. Es la sociedad la que los ha generado, pero son ellos los que a su vez tiran de ella, estirando del cabo para que un íntimo pensamiento pase a convertirse en una causa del colectivo, y a base de mucho repetir que queremos la paz, como es en efecto que la deseamos, se nos hace creer que estamos en una guerra y que tenemos que pagar algo.

Es imposible entender nada en el mundo político, no es cosa de razonamientos, ni de intelectuales. El idealismo es delicioso, pero son los políticos quienes forjan el idealismo con su práctica política; ahora los intelectuales sólo se preocupan de estirar de los ápices, plasmar por escrito las ideologías, mientras los jóvenes adoctrinados, su caballo de batalla, encabezan las manifestaciones. Todo esto viene a colación de que enseguida nos dejamos embaucar por lo que observamos, por el poder de las palabras, cuando hasta el más minúsculo detalle de la política está debidamente mascado para obtener los fines políticos. También la tregua de ETA, queramos o no, no es cosa que sale de la noche a la mañana; los nacionalismos viejos y los métodos violentos no se derriban con bonitas palabras. Sólo a veces se monta una miscelánea entre palabras y violencia, paliando un poco a los violentos y arrastrando a la violencia a los palabreros. He ahí el engaño, los votantes sólo juzgan por lo que les llega, sus ojos están tapados por la facundia zapaterista. Pero, sin embargo, las malas lenguas y las mentes malpensadas de los periodistas, los que no creen a pies juntillas en la entelequia de las palabras, las treguas permanentes, las guerras o las paces, son los que llevan precisamente las de ganar. Nada de juegos, ni de treguas, ni mundos bucólicos en que los etarras van a dialogar como corderitos. La paz es sólo una condición de la guerra; donde hay guerra, bien puede haber diálogo, pero donde no la hay, ni siquiera hay tregua, y mucho menos permanente. Donde no hay guerra, hay política, hay mentiras, hay juegos de superchería. Basta que el socialista y el nacionalista se pongan el mismo disfraz y se sienten a la misma mesa para que las masas indoctas piensen que ellos también forman parte de la democracia. He ahí lo que tenemos, una democracia postiza donde todo el mundo utiliza nombre falso y llama a las cosas con otro nombre del que tienen. El eufemismo hace a los escépticos dudar; cuando digan las cosas claras, cosa que cerraría los caminos de vuelta, tal vez haremos un enorme esfuerzo de fe.
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4 comentarios

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Anónimo
admin
10:30 ×

De tus bien hiladas palabras se extrae un pesimismo que sólo puede contagiar al que ya está rendido de ante mano. No te ha sentado bien el desayuno o quizá el anuncio de tregua permanente o ¿es quizá alto el fuego permanente? Cuestión de palabras. Hay, quien como tu, ve intereses partidistas y no altura de miras, pero ese, ese, tan sólo está viéndose a si mismo en el espejo de la envidia y de la impotencia.
En la clase política, como en botica, los hay sinceros o insinceros (que diría tu autor favorito: Pocholo Martínez Bordiú). ¿Acaso tienes algún poder que la evolución nos ha negado al resto de humanos para auto otorgarte el derecho a generalizar sobre la clase política? ¿Eres abogado, estudiante o periodista? ¿Puedo decir yo, sin vanalizar, que sois mentirosos chupatintas, vagos del botellón o plumillas amarillos?
Cuando en tu control del pensamiento único, vuelves a generalizar y crees que todos tragamos lo que tu estás dispuesto a tragar ¿no piensas que puedes errar?
Desde mi posición, nada imparcial, me muevo, estoy vivo, creo en algo, quizá no sea la solución, quizá esté equivocado, pero aún me muevo por pasiones, la cabeza la dejo para los negocios. No estoy rendido, no soy pesimista y quiero creer, ¡tengo derecho a poder creer!
Siguiendo con tu misiva semi epistolar te hago saber que las ideas están por encima de los políticos y si, como bien dices, los sociatas y los nacionalistas tienen, el dudoso derecho a poder reunirse y hablar (ya quisieras), también lo han tenido, en su día, los liberales de la economía y los conservadores de la moral, los del puño de hierro y los del nacional catolicismo...¿y? ¿molesta que hablemos los rojos? Es tu problema, no el nuestro.

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Anónimo
admin
20:52 ×

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Bitnick
admin
18:53 ×

Y de las palabras de anonimo bien cabe deducir lo que le molesta que los "no rojos" blogueen...""intereses partidistas, envidia, impotencia, en fin, no se cansa.
samuel, espero no te moleste que te reproduzca en mi blog y te cite.
Un cordial saludo.
ladran, luego...
:)

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NDM
admin
18:07 ×

Cito al usuario anónimo: "¿y? ¿molesta que hablemos los rojos?" Interesante observación de no ser porque hablais en casi todos los medios de comunicación a la sombre del monopolio Polanquista. Desde El País (curioso nombre para un periodico que defiene a quienes buscan la desintegración de España) hasta la Vanguardia pasando por Cuatro, la SER y al parecer en los últimos tiempos el ABC... Es un trauma innato de "los rojos" (como les llama el usuario anónimo) el sentirse sometidos incluso cuando son ellos quienes someten, como sucede a día de hoy (...) un saludo. NDM

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