La noche que habitó mi sueño

El tiempo se diluye en un abrir y cerrar de ojos.

Con la noche ni siquiera alcanzamos a verlo deshacerse. El tiempo se fuga en su oscuridad, bajo la mirada de la luna y la ausencia de un sol. La luna rapta los relojes de la noche. Y el sol se encarga de hacernos creer que nos es devuelto lentamente con el frío rayo de luz. Con el ruido.

Ayer tuve un sueño. Soñé imágenes de lugares amplios –siempre sueño siluetas abombadas, infladas, estancias vacías y a la vez llenas de nada, sombras y aire, habitaciones enormes cuyas paredes se desplazan para hacerme creer que aún son más grandes— en los que alguien vivía, una persona de oscuro silencio. Un desconocido, sin rostro ni voz. Un desconocido habitaba ayer mis sueños. Estaba conmigo en el sueño, pero no podía verle con mis ojos porque se ocultaba tras las puertas, tras obstáculos rectangulares cubiertos por paredes, esquinas inertes, estanterías y ventanas. Era de noche. Sólo penetraba por las ventanas la tenue luz de una luna distinta.

Me recosté sobre una de las paredes de la amplia habitación. Observé la oscuridad sin ningún temor. Estaba tranquila y me sentía extrañamente feliz. Podía percibir todos los bellos sonidos que había al otro lado de la ventana: el viento golpeando hojas de árboles, las hojas acariciándose entre ellas. El silencio relajado. Esperé sentada un buen rato. Quería acercarme a aquel desconocido cuya presencia se desvelaba en la oscuridad. Pero decidí permanecer en el sitio, esperando a que su silueta se acercase a la ventana, y poco a poco fuera alcanzada por el claroscuro.

De la sombra surgió una delicada voz que me susurró una palabra: noche. Noche. No podía ver más que la finura de sus manos. Mientras aquel rostro desconocido pronunciaba la noche. Yo repetía a la vez. ¡Noche! Los labios se cerraron. Y la noche se fugó con nuestro silencio.

El tiempo se diluye en un abrir y cerrar de ojos.

Yo soñaba con mis ojos cerrados. Daba vueltas en la almohada, y con cada vuelta el suave sueño se iba deshaciendo en mis manos, como si fuera nieve sobre fuego. Como un reflejo sobre el agua de mar. Al tiempo que se apoderaba de mi interior un hondo sentimiento de malestar, de llanto insaciable y de timidez estrangulada por el viento. Como un agujero que trataba de cubrir a toda costa, mas sin poder hacer otra cosa que no fuera contemplar sus circulares anillos. Y el sueño desapareció por completo. Quise correr tras de él, abrazarlo fuerte. Abrí los ojos y no pude sino llorar al haberme soltado tan pronto de aquél hilo, al haberme caído de aquella habitación tibia, con cálido silencio de un desconocido cuya presencia sentía más allá del vacío, en la oscuridad.

El tiempo se diluye en un abrir y cerrar de ojos.

Cierras despacio las pestañas, sin querer hacer ruido, al ritmo del anochecer silente, junto a la sonrisa de la luna, viéndote rodeada de caricias, de susurros, de flores, melodías y sonrisas. Abrazada a las palabras.

Y al abrirlos te descubres arropada por la absoluta soledad de un amanecer crepitante. El amanecer que reposa desnudo y sin rostro sobre la almohada.

En un abrir y cerrar de ojos.

El tiempo nunca dice adiós. No se despide de nosotros. Porque su sombra es nuestro recuerdo. Nuestro recuerdo de un sueño soñado. De un sueño perdido en su nívea oscuridad.

Mientras el Tiempo se va diluyendo en la almohada.
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2 comentarios

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Samuel
admin
21:51 ×

Elegante narración en que nos describes un mundo mucho más complejo, elegante y caricaturesco que el que vivimos. El alma ve mejor las cosas que nuestros ojos. Por eso es necesario que durante la noche se cierren estos para dar lugar a que el alma nos ilustre esas esencias que, debido al rigor de la razón, no podemos contemplar. Cierto que no se vive de sentimientos locos, pero son estos los que enmarañan el mundo y es necesario entenderlos. Yo no podría escribir un sueño mío, son demasiado personales, y aunque no espero que se cumplan, les tengo tanto miedo como a las musas. Sólo cuando sueño o escribo digo la Verdad sobre mí mismo.

Un saludo.

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Moribundo
admin
19:48 ×

Bonito relato Marta, me ha encantado.Me sorprende que siendo tan jovenes, escribais tan bien.hay magia en vuestros escritos.

Un saludo!

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