Crónicas del PSOE y la ETA: la mano, la serpiente y el pañuelo

El señor Rodríguez Zapatero ha tenido la desfachatez de acudir a mi ciudad natal para reunirse con siete mil aborregados miembros de las Juventudes Socialistas, que en honor a la visita de su líder, tuvieron el detalle de ponerle al cuello, a modo de bufanda, un pañuelo palestino, una kefia, prenda que de haber sido cristiana –acuérdense del rosario- los lingüistas monclovitas posiblemente habrían denominado trapito a cuadros. Nuestro querido presidente intentó quitarse el emblema palestino, que le otorgaba un favoritismo tan significativo en su guerra mediática contra la autodefensa, pero todo fue inútil. Lo fotografiaron con el pañuelito, con la sonrisa de oreja a oreja y la habitual estupidez burlesca con que quiere ganarse a los votantes. La culpa la tuvieron los jóvenes, al fin y al cabo, pero eso habla mucho de la escuela pesoista y cuáles son verdaderamente sus intenciones. Los jóvenes nunca mienten. No son como Zapatero, que después de hacer el más antipático ridículo a escala internacional, todavía quiere remendar el error equiparando el terrorismo a la salvaguardia de los ejércitos israelíes. Es muy profundo todo lo que dice. O muy ingenuo. Una guerra sin muertes. Un conflicto bélico, pero sin armas. El espíritu de la rendición al mando de un buen pico de oro y unos simpáticos guerrilleros que no tengan reparo en soltar la pistola. En el caso de Hezbolá, ya no es cosa de pistoleros, sino de misiles.

Tras el mitin pronunciado en Alicante, Rodríguez Zapatero ha levantado las críticas de muchos dirigentes del PP, a los que repugnaba la fotografía ofensiva de un Rodríguez con pañuelo, a lo palestino, pues ello les confirma que si no tenía escrúpulos en dialogar con una banda terrorista local, tampoco los tiene en promover la paz con los exaltados islamistas, primos hermanos de aquellos que lo llevaron en brazos a la Moncloa. Le pillamos con las manos en la masa, o en el pañuelo. El pañuelo que lleva sus colores. El que necesitaban para completar el logotipo: la mano, la serpiente y la prenda palestina. La rosa ya no está, la tiñeron de blanco y se la dieron a Jone Goirizelaya, abogada de asesinos. Con ello concluye una composición tortuosa, de un gusto pervertido, que convierte a los seguidores de semejante insignia en unos prójimos de dudosa pulcritud ética, social y humana. Y para colmo, esos tres emblemas, que son sólo uno, tienen el poder en sus manos. He ahí el misterio de una diabólica trinidad. Gracias al espléndido teatro de hacerse pasar por demócratas, o dicho de otra manera, encajar el totalitarismo marginado de la izquierda más depravada en el juego dialéctico, nos encontramos ante unos gobernantes que de socialistas sólo tienen lo de socios. Y de demócratas, prácticamente nada. Porque desde hace mucho tiempo vemos que no saben lo que significa democracia; lo aceptan de buena gana, visten, trabajan y hablan como si fueran demócratas, pero en su clarividencia utópica siguen pensando que sería mejor para todos no defenderse del enemigo. Aunque no sabemos ciertamente si él los considera enemigos, si es consciente de que la causa de Hezbolá, palestina, siria e iraní, consiste en la pura aniquilación de Israel. Al menos muchos pacifistas crónicos están convencidos de que el musulmán tira piedras y el brutal judío misiles, con que tenemos lucha intelectual para rato. A estas alturas ya se hace difícil encontrar una información objetiva, más en una guerra, porque no olvidemos que allí sí que están en guerra, ya sea caliente o fría, con los países colindantes. A diferencia de España, donde no hay guerra si no es contra el sentido común.

Después de todas estas definiciones del espíritu que guía el socialismo moderno, o seríamos más cautos diciendo socialismo zapaterista, no nos podemos imaginar lo que planea su aviesa mente de intelectual comprometido con la causa del eufemismo y la tergiversación de las noticias. Con esa alianza entre civilizaciones, la civilización pseudodemocrática y la civilización terrorista, parece querer la instauración de un régimen, en nuestra lengua castiza, despótico y opresivo, conservando las ruinas del turnismo y de los tres poderes, a la vez que se controla a la prensa y al rebaño ciudadano por medio de la maquinaria polanquista. Para lo que es un golpe de Estado, sin utilizar él mismo ni una sola pistola, sólo dejando que los terroristas usen las que todavía funcionan, no está nada mal. Pero no confundamos, que en el momento en el que algún exaltado derechista pregone, grite, gima y pronostique la destrucción del Estado, pondrán en marcha todo el tapujo democrático en el que se han estado ocultando durante años. Las ruinas de la Audiencia Nacional continúan en pie, nos señalarán, y cada cuatro años sigue habiendo elecciones. No hemos censurado a la prensa, la COPE aún funciona, todavía suena. Y el PP conserva sus escaños. Sin embargo, fíjense ustedes que hemos logrado la paz en Euskadi, hemos contentado a los nacionalistas catalanes para que no lloren, hemos salido de la guerra de Irak, etcétera, etcétera. He ahí que, si tienen ojos, vean que el socialismo todavía conserva las instituciones y los principios democráticos. Pero a su manera. Y con sus condiciones.

Les es necesario conservar al PP donde está, aunque sea marginándolo de la vida política, señalándolo de traidor y fascista, poniendo el dedo en la yaga traumática del franquismo y la Guerra Civil. Es muy importante para ellos guardar las apariencias. En la corte de Zapatero, hace falta conservar a un Rajoy en calidad de bufón, al que puedan tener sentado al pie de su poltrona, para poder pegarle pataditas de vez en cuando, estirarle de las orejas, reírse de sus ocurrencias como si las dijera para hacer gracia y golpearlo después con la batuta para recordarle quién es el que manda. También les hace falta conservar a un Conde-Pumpido que guarde las formas, pues aunque el poder judicial no siempre les es agradable, queda muy bien oír la voz de un hombre tan educadito como él. No hay más que mover la vara, hacer girar el aro, y el Fiscal General, el obediente Pumpido, salta por el hueco triunfal a modo de muñeco circense, alegre como un simio. La COPE también es necesaria, al fin y al cabo, representan a la oposición, y si la cerráramos, sospecharían de nuestro disfraz democrático. Un golpe de martillo cuando se ponga molesta, y el resto del tiempo a reírnos de sus profecías, a reventar nuestras amígdalas a base de sonora carcajada para ridiculizar a quien predica las verdades desde el micrófono, si bien con cierta agudeza y crítica puntiaguda. Son como las moscas. Hay que sacudírselas.

Por el momento cabe conservar las apariencias, seguir el sacro modelo del estatuto catalán, la doblez más elocuente en el teatro mundo para convencer a un público que se empeña en levantarse del asiento. Hay que contentar a todo el mundo si te quieres ganar el pan. Hasta hace falta ponerse el trapito a cuadros, para contentar a aquellos jóvenes socialistas, leales votantes de la causa zapateril, que expresan con su juventud y lozanía todo el espíritu de la revolución antisistema y ahora, por lo visto, antisemita. Fue Rodríguez a recoger el fruto de muchos años, nada menos que siete mil frutos, su parte de la cosecha que la sembradora de Polanco se ha ganado con el sudor de su frente, lavando cerebros cada verano, cada otoño, cada invierno y cada primavera. Son muy aplicados ellos, de eso no hay duda. Y todos sabemos que el presidente Rodríguez se siente orgulloso de pertenecer a la familia, a la tribu del pañuelo, cada día más grande y más aborregada. Y ahora, hasta con escudo de armas. La mano, la serpiente y el trapito a cuadros.
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