De la necedad humana

Porque aunque hastiada de decepción,
firme al pie del cañón,
y aunque harta de hipocresía
no me absorbe la cobardía.
Tanto y tanto vulgo inculto
confía ciego en el culto;
tanto y tanto pueblo vil
que se mantiene servil.
Pero vosotros, ilusos,
que hacéis tanto la bisagra:
¿dónde fue vuestro amor propio,
la dignidad que os consagrara?
¡Es que no véis, estúpido rebaño,
que el valiente al que hoy volvéis la espalda
mañana será un grande de España!
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