Santiago Carrillo... en defensa de Hezbolá

De un tiempo a esta parte la objetividad parece haber tomado partido. O es que mis ojos me engañan, o mis oídos, presos del inefable prejuicio, se niegan a creer las mentiras que declama cierto comentarista político, que además de poseer una indecible experiencia en el crimen y el genocidio, goza de una espléndida hoja de servicios como antiguo dirigente del PCE. Pero escribe el buen hombre, -ya saben, el héroe de Paracuellos- desde las páginas del diario El País, sus impresiones acerca de la situación mundial y los tiempos políticos.

Según su notable sentido de la estrategia, los occidentales deberíamos juzgar de modo menos simplista a los héroes de Hezbolá y Hamás, que se preocupan de los problemas cotidianos de los ciudadanos. Habría que conocer primero el código que se esconde tras ese eufemismo. ¿Cuáles son los problemas cotidianos de los ciudadanos? ¿Y de qué género de ciudadanos habla? Mejor no pensarlo. Al fin y al cabo, no nos sorprende que un hombre de la altura moral de Carrillo diga estas cosas, pero lo más triste es que no se trata de una voz que clama en el desierto, sino de la garganta por la que se cuelan cientos de millares de voces antisemitas y antinorteamericanas.

Mientras todo lo que se haga en pro de la causa -la causa no es la democracia, postizo sistema político que les obligaron a utilizar a los marxistas- está bien hecho, todo lo que disponga el gobierno de Israel es una solemne barbaridad. No pertenecen a la familia, hablan desde su propio criterio, no han probado las delicias de la demagogia antiamericana, no conocen el poder del lado oscuro, nuestro bando... Y sin embargo, todos somos camaradas. Todos los que llevan la etiqueta, hasta los que no saben ni lo que significa y siguen inmolándose como buenos chicos. Aunque unos se sienten en sillones tapizados, y otros estén en primera línea de fuego, el magnánimo Carrillo no ve la diferencia. En su mente todos llevan la etiqueta; aquél, de malvado y beligerante; los otros, de dignos ciudadanos que compresiblemente defienden su terreno. Y él sabe muy bien, que al igual que sospecha o por lo menos conjetura la estrategia ruin y cicatera de los EEUU, podemos nosotros pensar que la suya consiste en que sus lectores, ávidos de propaganda marxista, reciban el celestial alimento de su padre benefactor. Los grupos "mal llamados" terroristas ahora son nuestros hijos. A nosotros nos han visto el plumero, nos han occidentalizado, si bien con fines de otra índole, pero que sin duda también obedecen al partido.

Sentémonos a escuchar, pues, cómo se une el Islam contra Occidente, porque al cabo es comprensible y si a alguien hay que echarle la culpa, es a nosotros. Ese nosotros generalizador que nunca contiene el yo mismo, y que siempre se refiere a los más occidentales de todos, a los occidentales viejos, de largo abolengo, aznaristas de pura cepa y proamericanos sin rumbo. En pocas palabras, a los que no llevan la etiqueta. La etiqueta que los une a todos como hermanos, si no de sangre, por lo menos de objetivos comunes. La ruina del todopoderoso americano, quien no goza de los privilegios de la etiqueta progresista y por lo tanto, merecidamente podemos calificar el conjunto de sus acciones como incomprensibles.

Un rumbo equivocado, por Santiago Carrillo (29/08/06, www.elpais.es)
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2 comentarios

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14:10 ×

Ha sido una deliciosa casualidad encontrar este espacio, por el cual le felicito, caballero; tanto por la calidad como por la cantidad de lo escrito, y también por la mucha razón y la mucha pasión con que lo hace. Aparte del artículo que estoy comentando (Carrillo se ha inventado un buen puesto para su agonía, el de "comentarista político", desde el que suelta todo tipo de sandeces y despropósitos), resalto la crónica dedicada a París, de la cual, además del gran estilo de la misma, entresaco y comparto muchas de sus impresiones y conclusiones; precisamente hoy he regresado de la capital francesa.

Un cordial saludo

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21:49 ×

Gracias por tu comentario, y por este excelente blog. Me alegro de haberte encontrado y leido.

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