Siente

Siente la miseria de unos brazos
que, a hurtadillas, se te descuelgan del cuello;
la desgracia de unos besos fugitivos,
de cientos de pies que huyen,
miradas que se repelen,
palabras que no se dicen.

Siente la miseria de ignorar lo necesario,
de no sentir que se siente,
vivir no siendo consciente
de tus odios intrincados.

Siéntete como yo me he sentido:
repudiada, vejada, no querida;
siéntete así de inútil,
de inerme y mezquino.

Siéntate y siente lentamente,
la sutil puñalada de tu amor avaro y repulsivo.
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