Septiembre. Volver a empezar... otra vez

Habrá notado el lector que ya estamos en septiembre. Desde hace ya un par de días. Se advierte no tanto en la brisa matutina que sigue soplando impertérrita, insufrible, con el mismo color pardusco y el mismo sonido melancólico de los meses de verano, sino más bien en el resurgir de la mecánica habitual. Aquí el tiempo suele transcurrir con soberana lentitud, y el desgraciado playista, cuyo único placer consiste en aposentarse en la tumbona para ver pasar a las top-less, apenas advertiría un cambio de espíritu si tuviera que fiarse de los elementos veraniegos. Molicie y descanso, tiempo precioso ocupado en la contemplación mística del cielo limpio, cayendo sobre el horizonte, en un mar desierto de olas.

Pero algo, no obstante, ha cambiado. Nos apremia el gusanillo de la responsabilidad, los primeros signos de movimiento y despertar. Vemos que el locutor de la radio vuelve, que los turistas parten de nuevo hacia su patria y que las madres acompañan a sus hijos en un largo peregrinaje cuyo objeto es adquirir todo el material escolar inventado o sin inventar. Los pobres alumnos logsistas, en su ignorancia inocente, piden sin cesar. Se encaprichan de esto y de aquello; pero otras veces son los profesores, que ocupados en su misión de inculcar el orden y la sabiduría en cabezas traviesas y redomadas, les ordenan a sus alumnos con maniática precisión que tienen que llevar tal archivador, bolígrafos de tal marca o estuche de determinados colores. Es la vuelta al cole, cantan los niños de El Corte inglés, como si ello constituyera un motivo de ilusión para el estudiante corriente y moliente. Yo recuerdo más bien que a más de uno de mis compañeros lo llevaron a la fuerza, mientras que yo mismo no dejaba de llorar hasta que volvía a reencontrarme con mis padres. En aquel llanto arcano, metafísico, sin duda se escondería un enigma que los célebres psicólogos no serían capaces de descifrar. No hay quien pueda explicar con palabras lo que esconde la lágrima sincera de un niño. Y probablemente los mayores no se percaten de que hay mucho más de significado de lo que ellos creen; enseguida sueltan que es cosa de niños, inmadurez infantil, histerismo primerizo, pero yo sigo pensando que hay algo más.

Porque luego esos niños que en septiembre se separan de los brazos de sus padres para sentarse frente a un pupitre y coger un bolígrafo o lapicero en sus manos, en pocos años de estudios de enseñanza pública, acaban agujereando el pupitre y utilizando el lapicero a modo de navaja para imponerse sobre sus compañeros en el recreo. Ya no hay más llanto, han ido creciendo, según las directrices de la enseñanza media, y el niño logsista no es más que un vulgar suspenso y septembrino por antonomasia. Afortunadamente, hagamos el matiz escrutador, hay también muchos rebeldes excepcionales que empiezan con lágrimas en los ojos y acaban sabiendo más que sus profesores. No por años, ni conocimientos, sino más bien por candor e inocencia. Pero, como dicen, es la exepción la que justifica la regla, y la regla es aprender con rigor el instinto del estudiante despreocupado y barriobajero. Pobres angelitos, no obstante, ¡si supiera la ministra lo que son los años mozos! Peor aún, si ella supiera lo que supone ser logsista en estos días.

Pero volvamos al colegio, que allí es donde se cultiva, si no la cultura, por lo menos las ganas de no aprender nada. Y eso es un reto en esta sociedad de hoy, porque todo se aprende rápido y mal. Tendríamos para rato si tuviéramos que inculcarle a nuestros niños que eso que le cuentan en el colegio no son más que paparruchas, que no se deje llevar por la nueva corriente loista, y que no hay que darles oído a esas cosas que le cuenta por lo bajo el profesorcillo típico de izquierdas. Gracias a Dios que con el tiempo y la experiencia, que todo lo hacen nuevo y lo maduran, hay mucho granujilla que después de disfrutar una díscola juventud acaba dándose el mazazo en los morros y decide sentar la cabeza.

¡Qué verano tan caluroso hemos tenido! No sólo hemos sufrido las manifestaciones de Hefesto, sin que en todo ha habido un aburrimiento indomeñable y una melancolía que se resistía a surgir. Veo dentro de no mucho tiempo, en esta patria mía del calor y el desierto, una calurosa distopía donde todos los hombres vivan la vida ignorantes y felices con la cara llena de quemaduras de sol y la cabeza muy ligera de neuronas. Quién sabe si nos hallamos ya en semejante camino, y si las desventuras de hoy, aciagas, inescrutables, tengan su orígen en el influjo del calor sobre las conciencias humanas. Cuántos hombres y mujeres no se han asado en una silla, y han vuelto a su casa con el pecho tostado y la espalda de cangrejo. Y esos infelices, cuya mente todavía pugna por recuperar su estado primitivo, son los que mecánicamente vuelven a echar manos a la obra. Y mientras tanto, sus hijos se cuecen en el colegio. Cuesta mucho volver a hilvanar una frase después de tanto descanso, tenemos la lengua agarrotada y nuestra capacidad de criterio parece más propicia a dejarse embaucar. No sé, quiera Dios que sean falsos augurios. Pero presiento una cosecha terrible para el año próximo.
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3 comentarios

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VICTRIX
admin
12:56 ×

Estimado amigo, una suerte la mía al haber solventado mis obligaciones académicas y poder leerle y comentarle, como ya le prometí hace algunos días. Antes de nada le comento que he visitado su página web, que figura en su perfil, y le felicito por la misma. Dice usted lo siguiente: “No sé, quiera Dios que sean falsos augurios. Pero presiento una cosecha terrible para el año próximo” No conozco sus circunstancias personales pero intuyo, por lo que vi en su web, que se puede estar refiriendo a su futuro Universitario, etapa esta que siempre es vista con temor y respeto pero le aseguro que es todo leyenda urbana. Tenga en cuenta que a la Universidad acceden los mismos estudiantes incompetentes y juerguistas que puede ver usted en cualquier clase de instituto de tal modo que no son ilustres y cultos adolescentes quienes acceden a esta clase de estudios. No tema, a pesar de la arbitrariedad y de lo enfermizo de los criterios de corrección de los profesores estoy seguro de que no tendrá ninguna clase de problema. Es más, verá como en segundo o tercero ya hay un gran corte que seleccionará a los mejores alumnos de clase y someterá al resto al rigor del suspenso. Eso sí, el profesorado es más incompetente, indolente y respetado que en el Instituto.

En cuanto a sus consideraciones sobre el mes de Septiembre está claro que todo hace indicar que hemos cambiado de mes. Anuncios de coleccionables, rutina, regreso de programas radiofónicos y televisivos, anuncios de “vuelta al cole” y demás rituales que tenemos el honor de presenciar un año tras otro. Al margen de lo que cualquier ingenuo pueda creer, eso de la “vuelta al cole” no es más que una estrategia comercial para sacarles los cuartos a los padres, aunque los anuncios que aparezcan en televisión son enternecedores, con niños correteando felices con sus lapiceros y estuches. Y efectivamente, los hombres viven la vida ignorantes y felices con la cara llena de quemaduras de sol y la cabeza muy ligera de neuronas. No lo habría descrito yo mejor. La cultura ha derivado en chiringuitos de playa y quemaduras tras horas improductivas con los cuerpos expuestos al sol. Y es que no debemos olvidar esa extraña capacidad de los españoles de identificar bronceado con salud de tal modo que ya se hacen repetitivas las reflexiones del tipo “qué mal color tienes” País de cangrejos y horteras, de voces y feriantes...

Un cordial saludo.

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13:04 ×

Cuando iba a escribir un comentario, un error informático me ha cerrado esta página y, por consiguiente (Felipe presidente), lo que había escrito, provocándome ello una gran irritación. Pero al volver, Victrix ha remediado la situación inconscientemente, y ha comentado dos puntos fundamentales: la Universidad y, ¡oh, horror!, el depravado final del verano español, de vueltas al cole publicitarias, fascículos y cursos políticos, televisivos y educativos. Y ese genial (y real) "¡Qué mal color tienes!".

Por cierto que sí. Que la Universidad bien puede ser fruto de malos augurios. En mi caso, y tras haber visto durante las matriculaciones a parte de mis nuevos compañeros, tengo que decir que no esperaba ver a tantos mentecatos que creí dejar olvidados en el colegio. Por otro lado, todavía albergo unas cuantas esperanzas, además de que espero que se me dé bien este primer curso. Al menos, para mí este septiembre no es de "vuelta al cole".

Un saludo

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Samuel
admin
15:53 ×

Me alegra que Victrix haya dado en el clavo de lo que pretendía exponer desde un principio. Lo cierto es que siempre influye el factor novedad, a parte de los rumorcillos que siempre llegan de fuera para sobrecogerlo a uno. De todos modos, yo ya había escuchado a algunos profesores quejándose de que con el paso de los años el universitario medio español es cada vez más irrespetuoso y maleducado. También me consta que los profesores no correspondan al mito del erudito catedrático, canoso, inteligente y de pingües experiencias. Lo que se dice, nada nuevo bajo el sol.

En el fondo yo creo más bien que debiera entusiasmarnos esta especie de resurgir de la naturaleza, aunque sólo sea por la satisfacción de ver que el mundo sigue dando vueltas. Yo, la verdad, no vengo demasiado colorido ni demasiado blanco, pero me pasa que con la llegada de lo nuevo parece que el pasado se entierre por unos momentos.

Otra cosa, heredo un antiguo pesimismo del que casi me parece imposible recuperarme. Aunque supongo que ya iré viendo y conociendo. Os agradezco, sinceramente, Victrix y Espantapájaros, que os hayáis tomado vuestro tiempo en leer esta hojilla y les advierto de que sigo leyéndoles en sus respectivos blogs.

Un cordial saludo. Y buenos vientos para el curso que comienza.

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