Estruendos y silencios

Después de una primera quincena de exámenes, apuntes y agobios, no queda sino que venga yo a turbar la paz por fin consolidada de este perdido rincón del ciberespacio. Entro tímidamente, como de puntillas, sin hacer ruido, por si acaso hallo algún fervoroso lector pernoctando en mi ausencia. Casi me causa pavor sumergirme otra vez entre estas amarillentas cuartillas, hojeándolas, releyéndolas y comparando al hombrecillo que viene con el tipo que se marchó. Mi cabeza es lo más parecida a un cocktail después de agitado, y si la sacudieran, saldrían tantas ideas que tardaríamos muchos años en volver a cazarlas. Con todo, es un placer volver a saludar a mis pacientes lectores. Sepan que no voy a rogarles que despierten, aún les invitaré a que se acomoden y duerman a pierna suelta, pues no existe diálogo más coherente ni humano que el de los ronquidos... Y ya basta de coba y cháchara.

Estos días viene uno escabulléndose de las noticias de la prensa, que cada día se manifiestan más intratables y con titulares más vergonzosos. No hablemos ya de las fotografías publicadas en el Times de cierto señor que se ha propuesto morirse de hambre, y no sé qué cosa de permanecer cinco minutos sin luz ni electrodomésticos, como si viviéramos en una comunidad de Amish en el sur de Pensilvania. En definitiva, que horrorizado de tales asuntos, se pone uno a ocuparse de sus exámenes, leer sus libros, ver sus películas y aporrearse felizmente la cabeza contra la pared. En uno de esos instantes en que no se puede hacer otra cosa que observar, se queda uno escuchando las conversaciones del autobús. Por un momento piensa que todas las jovencitas tienen la misma voz, o por lo menos, que hablan de la misma cosa; los hombres no tienen la misma voz, no, se les distingue claramente, pero también hablan de una sola cosa. Unos compañeros de clase, para variar, comienzan a charlar sobre la ética de un tal señor Jiménez Losantos, que dirige La mañana de la COPE. Sonrío y dejo que mis ojos vagabundeen más allá del cristal, buscando esa enjundia contemplativa de quien piensa que las palabras son una dádiva terrible.

Llego a casa, -el hogar donde te quitas el abrigo y sueltas la cartera-, y siguiendo los pasos melancólicos de la vida universitaria, le hinco el diente a un pedazo de lomo adobado, mientras la televisión sigue riéndose de sí misma, merced a las ocurrencias y peripecias de la familia Simpsons. Aquí, ajeno a los estruendos de la revolución digital, sin gente, sin música, sin el entusiasta Juan Varela loando las maravillas de internet, empieza uno a elevarse y elucubrar sobre cuestiones impropias de la posmodernidad. Dirán que este reducto de rebelión acabará sucumbiendo a la depravación de no sentir lo que dice o no decir lo que siente. Pero todavía me queda una pizca de vergüenza, y a veces, huyo de la inevitable hipnosis de la pantalla y los alaridos chirriantes de mi chiflada vecina. Soy huidizo por naturaleza, pero lo que es en estas horas de aparente escepticismo informativo, es cuando empiezo a ser consciente de mi propia lucha interior. Ya saben, ese tira y afloja entre la mente y el corazón que emiten a la hora que no estamos para verlo.

Era el filósofo español García Morente quien hablaba de esa afición del hombre contemporáneo a escapar de sí mismo, de modo que supone un sacrificio intolerable permanecer solo en un lugar, con uno mismo, escuchando tan sólo el silencio. No muchas personas son capaces de soportar esa prueba, la conciencia es parlanchina cuando nunca se la deja hablar y aterradoramente muda cuando no tiene nada que decir. Entonces el silencio se convierte en una paradoja mucho más formidable de lo que sería hablar del gobierno entre las sábanas del tálamo nupcial.
Siguiente
« Anterior

2 comentarios

Click here for comentarios
Persio
admin
14:06 ×

Aporrearse felizmente la cabeza contra la pared..., dices. De esos aporreamientos salen muchos frutos. Algunos son aprovechables para el papel. Otros se quedan en el simple chichón. Si las paredes hablaran, ¡cómo gritarían de los cabezazos que les vamos dando!
Saludos y suerte en los exámenes.

Responder
avatar
El Cerrajero
admin
19:16 ×

No te golpees contra la pared, entabla con ella un provechoso diálogo porque de todos es sabido que las paredes hablan xD

Responder
avatar