Volviendo al ABC. La deriva centrista

Cuando un periódico se pone pesado, lo normal es desbancarlo de su posición de honor en la que tanto disfrutaba de que lo leyesen y dejarlo caer en la ignominia de la papelera o, mejor todavía, retirarlo de sus funciones naturales para mantener las calles limpias de la mierda que los perros abandonan con el consentimiento de sus amos. Ese fatal infortunio, que a todos llega, tarde o temprano, podría servirnos para confirmar la profecía de que los periódicos de papel han caído en el descrédito y han partido hacia el exilio. Pero no es así, porque en España la batalla de la prensa continúa. El pugilato entre El País y El Mundo, ahora más reñido que nunca, no deja indiferentes a miles de lectores que están convencidos de que algo gordo está pasando en nuestra patria. Y no se equivocan, porque la situación nacional invita al ciudadano a olvidarse por un momento de los nuevos vientos de periodismo ciudadano para volverse hacia las publicaciones de la vieja escuela, que tienen mucha más experiencia y además se ajustan a una disciplina científica.

Por el contrario, en medio de todo este despunte portentoso de la prensa española, hay un viejo periódico, enclenque y enanito, que pronto se parecerá a esos dinosaurios que exponen en el Museo Jurásico. Ahora nos lo regalan en la facultad y la gente lo coge como quien le da una limosna a un pordiosero, aunque si tuvieran que pagarlo ya sería otro cantar. Dicen que es de derechas, pero yo llevo varias semanas ojeándolo y parece un libelo panegirista de Ruiz-Gallardón. ¡Qué hombre este Gallardón! Imposible no tropezarse con él en una portada de ABC, imposible que digan algo bueno de sus oponentes, Aguirre y Zaplana. En la investigación del 11-M, en la que tanto se ha fraguado y confabulado, son como siempre tenaces y entusiásticos defensores de que los españoles conozcan la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. A veces, con su tesón informativo, resultan tercos y antipáticos, tanto que llegan a cansar hasta a la gente de izquierdas. Pero que tengan en sus páginas a articulistas de renombre como Juan Manual de la Prada o Ignacio Camacho, echando leña al fuego donde arden las tesis conspirativas, llamaría la atención de muchos progres que no tienen la voluntad de leerlo entero y darse cuenta de que, además de ser un periódico muy malo, defiende la versión oficial y ataca al ala más liberal –facha, en su jerga– del Partido Popular.

Pero mis camaradas de clase nunca lo comprenderán. ¡ABC es de derechas! Esa es la proclama, el legado de más de un siglo de historia, el tópico de Torcuato Luca de Tena, y de ahí no hay quien los saque. Es ese periódico de cuya desgracia necesitan mofarse para seguir siendo felices. Lo aplastan con los pies, le encuentran todos los gazapos y ríen a mandíbula batiente sus titulares tantas veces ofuscados por el perverso entendimiento de la derechona. Son monárquicos, católicos, intransigentes y, lo que es peor, la única derecha que existe, la única derecha de postín y de bailes de salón, pero que en el campo de batalla se deja avasallar. ¡Les hace tanta falta! ABC es el bufón con el que siempre quisieron jugar, el niño cabezudo y acomplejado que se deja robar los caramelos y cuando le gastan alguna chanza o insultan a su madre se ríe patéticamente de sí mismo.

De tanto llevármelo a casa, me ha venido a la mente la loca idea de empapelar mi habitación con sus portadas para que, viendo el grado de vileza que puede llegar a traer el centrismo pisaverde, reniegue para siempre de todo su influjo negativo. Y, sin embargo, es una ocurrencia tan disparatada que sólo de imaginármela me causa escalofríos... He cogido los treinta o cuarenta abecés acumulados y los he puesto en una bolsa de reciclaje. Para algo bueno han de servir, además de para justificar el embuste de que en la COPE se reúne lo más granado de la extrema derecha. Cuesta tanto hoy distinguir a un liberal de un conservador o de un franquista que me recuerda a cuando, después de que mi oculista me diagnosticase un severo astigmatismo, accedí a ponerme unas gafas y a contemplar la realidad nítida y cristalina.

Pero esto no es cosa fácil, queridos lectores. La prensa está radicalizando tanto su legítima pugna que muchos ciudadanos, hartos de todo y de todos, cansados de forzar la vista, lo piensan mejor y se van al fútbol, donde el fútbol es fútbol, los jugadores sienten los colores y unas veces se gana y otras se pierde. Un principio tan simple como este todavía no ha sido asimilado en las ciencias políticas y me temo que están a años luz de conseguirlo. Después de las elecciones, ha quedado patente el único axioma que rige entre la clase del poder: el relativismo. Sólo en unas elecciones pueden ganar dos partidos al mismo tiempo, algo que en fútbol se resuelve con el empate, que no siempre da satisfacción a todos, y que en el baloncesto ni siquiera existe. No, aquí no hay que defender a nadie, porque sólo una formación ha ganado y algún galáctico individualista quiere apropiarse del mérito para él solo. Sólo un periódico como ABC puede dedicarse a defender a semejante chupón impetuoso. Con que, a ver si aprendemos de nuestros colegas del fútbol y seguimos fieles al paralelismo natural que Dios ha querido que haya entre este deporte de masas y la democracia representativa. El triunfo es de toda la plantilla, pero si se duermen en los laureles, la afición sabrá castigar su presunción. Ya lo verán.
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5 comentarios

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Javi
admin
10:55 ×

Muy buenas Samuel, estoy de acuerdo contigo, a pesar de leer diariamente el ABC o, más bien, a sus columnistas. La verdad, es que lo fácil es siempre estar del lado de la verdad oficial, pues la misma no entraña riesgo alguno para la política de ventas del grupo de turno –Vocento en éste caso- y, aunque sea triste decirlo, el periodismo actual se ha convertido en una pugna mercantilista cuyos descarados anhelos lucrativos le están apartando de su verdadera finalidad informativa, investigadora y demostrativa de una veracidad insoslayable. Dicho lo cual, ya no interesará una verdad absoluta, objetiva e irrefutable, sino interesada y, será conforme a estos intereses, como ensalzarán a quien más les convenga. Atrás ha quedado el romanticismo del periodismo, en que los profesionales de lo suyo acudían con su pluma y libreta a todas partes a pie de noticia, de suceso…con un solo interés, sin color, sin idea, sin utilizar una verdad sesgada a sus intereses. Para mi, los buenos periodistas no deberían trabajar identificados con una determinada ideología, ello les quita glamour y clase –y otras cosas ya mencionadas-, cualidades ellas de las que adolece el oficio en la actualidad, aunque comprendo la complejidad de no identificarse con unos determinados principios.
Aunque sea obvio decirlo, Gallardón se equivoco, de formas y de tiempo. Pienso que deberían remar todos a una –lo que tiene no leer a Lope- pues de lo contrario, flaco favor están haciendo al partido y a los ciudadanos. Con la pésima gestión del ejecutivo actual, el PP debería sacarle bastante ventaja al PSOE y, sin embargo, no es así. Estos inútiles –sea dicho con toda mi deferencia- del gobierno, han enmascarado todos sus dislates con la “bonanza” de su política económica –fruto del brillante ciclo de crecimiento económico en que nos metió Don Rodrigo Rato el Campeador- y social, mientras el país se derrumba y resquebraja –digan los eufemismos que digan los socialdemócratas- a nuestro alrededor. En fin, les queda trabajo por hacer, a nuestros políticos y a nuestros periodistas. Al menos, me gustaría que el Director de El País, en contra de sus arraigadas costumbres ágrafas, escribiese hebdomadariamente los Domingos, para comparar más que nada, con sus colegas de El Mundo y ABC, pero bueno…no se le pueden pedir peras al olmo.
Un saludo Samuel, siento el rollo –el tema daría para mucho más juego pero no hay tiempo- suerte con los exámenes, supongo que estés inmerso en ellos.

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20:20 ×

También en mi Facultad regalan en "ABC", pero yo he adquirido la buena costumbre de no cogerlo. Cuando dan "El País", en cambio, sí que me lo llevo. Esto responde a que "El País" todavía puede engañar a alguien (a mí no, se entiende), mientras que el "ABC" ya no es serio. En todo caso, respeto a muchos de sus columnistas y tiene atractivo que tenga más de cien años.

Un saludo

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08:33 ×

Desde que murió Jaime Campmany, que le ponía una nota de humor, ironía y honda cultura, el ABC ha dejado de tener atractivo para mí. Luego, después del 11-M, se convirtió inexplicablemente en un defensor de la podrida versión oficial. Al final, lleva camino de ser un panfleto tan grosero como EL PIS de Polanco.
Hoy día, el único periódico serio, consecuente y claro es El Manifiesto(http://www.elmanifiesto.com/index.asp)

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Samuel
admin
12:33 ×

La verdad es que es preocupante, pues se supone que era un diario conservador. Me parece, por ejemplo, que La Razón va mucho más en esa línea, con los artículos de Gabriel Albiac o César Vidal, y prestando más atención a los asuntos religiosos.

No cabe duda de que ABC sigue siendo papista y monárquico, pero a su manera y con una elevada dosis de talantismo. Lo despreciable es encontrarse en la misma página de opinión continuas referencias al 11-M, como les decía. Son ellos los que quieren olvidar, pero no hacen más que defender la versión oficial y acometer contra quienes han descubierto los chanchullos de la policía.

Esas dos cosas, para mí, resultan esenciales. No tengo predilección por ningún periódico: Libertad Digital está muy bien. El Mundo no me termina de gustar íntegramente y, como digo, para diarios cristianos prefiero La Razón, que curiosamente está controlado por el Grupo Planeta, lo mismo que el execrable AVUI. Hay, sin embargo, una diferencia abismal entre los periodistas de La Razón y ABC.

Con respecto a El Manifiesto, sin duda tiene una línea muy clara y articulistas interesantes, aunque confieso que no acostumbro a leerlo habitualmente y sigo aficionado a otros diarios de más prestigio.

Un cordial saludo.

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El Cerrajero
admin
20:07 ×

El ABC fué y ya no lo volverá a ser. No, al menos, mientras siga Zarzalejos.

Buena parte de sus lectores se pasaron también a La Razón.

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