Leyendo a Tolstoi: Guerra y paz

Quien lea Guerra y paz encontrará un clásico de los que deben releerse y conservar en la memoria. Sin duda, es una de las obras más eminentes de la literatura rusa y de todo el mundo, pero no por eso llamará la atención al lector neófito, sino por el realismo fatal que reverbera su autor. Lev Nikolaevich Tolstoi nos embarca en la sociedad de la rusa zarista poco antes de la invasión napoleónica y su postrer liberación. En el transcurso histórico, intercala bailes de salón con campos de batalla, chismes amorosos con la ingrata vida militar, la vida interna y espiritual de los personajes con las convenciones sociales de la Rusia decimonónica. Es, además, como ya muchos han señalado, una epopeya de dos emperadores: Napoleón y Alejandro I. Tolstoi rinde en esta obra culto a la historia, a la vez que arremete contra el juicio de los historiadores rusos y franceses.

La obra conduce al lector hacia un fin desconocido, pero cada movimiento, cada estrategia militar, cada idea surgida en la mente, desde el más conspicuo general hasta el último soldado, está predeterminada por Dios. Los hombres actúan así en aparente libertad, porque desconocen las leyes históricas objetivadas en la dialéctica de las masas que conducen a un destino que desconocemos. Los historiadores de la época, según Tolstoi, atribuyen a la casualidad los sucesos históricos cuya causa desconocen y al genio de los grandes personajes el cambio repentino de las circunstancias de la guerra o del devenir de un país.

“(...) Basta con penetrar la esencia de cada acontecimiento –es decir, en la actividad de toda la masa de hombres que trabajan en él- para convencerse de que la voluntad de los héroes de la historia no guía en absoluto las acciones de la masa, sino que es guiada”.
Tolstoi ve en esas casualidades una mano invisible trascendental que conduce las acciones humanas hacia un propósito diferente al que han marcado en su mente. La narración nos demuestra, si miramos la historia de los personajes, que raramente sucede lo que ellos proyectan, sino lo que está establecido que sucediera. Napoleón entró en Rusia, entonces, no por su genialidad militar ni por su enorme poderío, sino porque así tenía que suceder. Se cuela así, del mismo modo, que si tuvo que marcharse es porque el pueblo ruso, la gran masa popular concibió la guerra no como un proyecto ordenado dependiente de distintos factores, sino como una lucha que nace del “sentimiento popular” que la invasión había despertado. Es por eso que la victoria no la deciden los genios, sino soldados anónimos que en un momento de euforia tornan en su favor el declive de la batalla que estaban perdiendo. La superioridad numérica o la potencia de los efectivos no importa. Lo que importa es el espíritu, la moral del ejército.


El general Kutúzov supo discernir ese “sentimiento popular” que significaría la victoria de los rusos en el momento en que parecían derrotados. Tolstoi se deshace en alabanzas de Kutúzov frente a quienes se empeñaban en idear complicados planes que les reportaran el éxito y la gloria. El juicio que realiza sobre Alejandro I, que acabó relevando a su general, es tan incisivo como el que hace de Napoleón, pues si otros lo consideraban a éste un genio capaz de solucionar el mundo, Tolstoi sólo lo ve como un pobre hombre que creyendo haber alcanzado la cima no supo aceptar cómo se desvanecían sus ansias de dominio mundial. No se daba cuenta de que los hechos no dependían de sus especulaciones.

“Si se admite que la existencia humana puede ser regida por la razón, se destruye la posibilidad misma de la vida”.
Tolstoi se enmarca en una línea de pensamiento que se opone al romanticismo, pero que ensalza el determinismo histórico divino sobre los razonamientos humanos. Es obvio que los hechos no pueden suceder conforme a nuestros propósitos, que hay unas circunstancias imprevistas, las cuales no podemos predecir. Pero Tolstoi, reconociendo que no conocemos las leyes históricas, no niega que las haya, pues además predeterminan la vida humana. A mí me resulta algo pesado, sobre todo porque el determinismo potencia la pasividad si no se reconoce que la responsabilidad es un valor personal e incuestionable.

Pero la novela de Tolstoi tiene muchas otras cualidades. Igual que invita a la reflexión, agradará al lector que sólo busque en ella el recreo estético y el placer de escuchar una bella historia. Personajes como Pierre, Natasha o Bolkonsky, que merecerían un artículo cada uno, atraerán al lector por su riqueza psicológica y la enorme influencia de su personalidad sobre sus actos. Natasha, particularmente, no es un prototipo de la belleza femenina y la juventud, sino una persona a la que el cielo ha concedido esta gracia y se mueve siempre de manera espontánea. Su conversión de una joven intrépida a una mujer sufrida en amores da honor a la maestría y naturalidad tolstoiana en el trazado del tiempo narrativo.

Las imágenes de la estepa rusa y el sonido de la balalaika no dejan de aparecer por nuestra mente cuando apuramos las últimas páginas. La lectura de esta obra me ha llevado varios meses, y al fin puedo cerrarla con fruición para poder dedicarme a otros menesteres. Es la primera vez que la leo, pero no la última, pues estoy seguro que de aquí a unos años el texto cobrará una luz distinta que sólo dependerá de los cambios en la vida del lector. La vida del lector cambia con la lectura de cada libro.
Siguiente
« Anterior

2 comentarios

Click here for comentarios
Pikatoust
admin
15:18 × Este comentario ha sido eliminado por el autor.
avatar
Pikatoust
admin
15:19 ×

"Guerra y paz" es uno de los libros que tengo en mi estantería esperando a que les meta mano. La verdad, con lo que he leído, me has abierto el apetito!

Cuando lo lea te comentaré.

Un saludo,

Pikatoust

Responder
avatar