Elogio del periodismo ciudadano. Por qué la política debería cambiar

Llevar un horario es una tarea delicada; siempre he sido enemigo de las agendas, tradicionales y digitales, y aunque mi profesión me obliga a llevar una en la mochila, soy de los que prefieren un imaginativo esquema mental a una sórdida libretucha llena de actividades y horas prefijadas. Me agrada, sin embargo, saber siempre lo que va a pasar para no llevarme sorpresas antipáticas, o por lo menos apreciar las circunstancias inusuales cuando tengan la venia de aparecer. En las clases teóricas y magistrales estoy como pez en el agua, pues mi oficio sólo consiste en tomar mecánicamente apuntes, digerir el discurso y admirar la sabiduría de algunos eximios profesores a los que gusta lucir esa experiencia que otorga la longevidad.

Los tiempos imponen un nuevo estilo de formación; en términos generales, las clases giran en torno a la participación de los alumnos, cosa que indudablemente es positiva, porque el docente puede conocer a su audiencia, pero otras no es más que una excusa para ocultar la incapacidad o carencia de ideas del profesor. Desde luego que así las clases son más amenas, pero ¿a quién no le alegra la vida escuchar a un canoso erudito recitando a Miguel Hernández o, entre explicación y explicación, contar las aventurillas de sus viajes alrededor del mundo? Puede que ese método no sirva para todas las asignaturas, puede que no le sirva ni le guste a todo el mundo, puede que no soportemos a los pedantes, pero en mi opinión el alumno aprende mucho más cuando el docente da la talla. Me parece conveniente que los estudiantes crezcan a la sombra de un gigante intelectual que se agacha para ayudarles más que a un coleguilla sonriente y guay que lanza preguntas a la audiencia porque ya no sabe qué decirnos.

Pero dejemos en paz a los profesores, porque el feedback es una herramienta que han facilitado las nuevas tecnologías y que no sólo tiene desventajas. Desde que se lanzó el Periodismo 3.0, millones de blogueros comparten sus ideas, opiniones y conocimientos en el universo informativo a través de entradas y comentarios. Nada pasa desapercibido en la red, las diferencias sociales desaparecen y todo usuario se convierte en un periodista potencial. La desmonopolización del periodismo ha levantado las alarmas en las redacciones de todos los periódicos de papel que escuchan el augurio de su desaparición. La mayoría de periodistas que nos ha hablado sobre el fenómeno del “periodismo ciudadano” no han dejado de manifestar su repulsa y su escepticismo hacia esta nueva forma de contar la realidad. Al igual que cada vez hay menos distancia de la tarima del profesor al pupitre del alumno, los usuarios han irrumpido en la mesa de los redactores amenazando con ponerlo todo manga por hombro. El periodista se siente incómodo porque no le dejan hacer el trabajo para el que estudió una carrera.

En mi modesta opinión, los periodistas no tenemos nada que temer porque lo que avala nuestro oficio es la profesionalidad, el acceso a las fuentes de información relevante y ese olfato vocacional que nos da el exiguo sueldo más que la enseñanza universitaria. Los bloggers, que yo sepa, no reciben el mismo trato de las instituciones que los medios de comunicación. No están invitados a las ruedas de prensa, difícilmente podrían obtener una entrevista con un gran personaje, en su mayoría no obtienen beneficios que les permitan dedicarse a tiempo completo y siempre se encargarán de lo que en definitiva puede hacer cualquiera. Pero el “periodismo ciudadano” nos ofrece muchas ventajas; es un camino atractivo hacia un mayor control del poder, permite cubrir acontecimientos que los medios no han recogido -bien por falta de posibilidades, intereses políticos o porque les parecen irrelevantes- y nos ayuda a disponer de informaciones que de otra manera no habrían salido a la luz, como la grabación de un tsunami o un atentado terrorista.

El periodismo ciudadano reviste las flaquezas de los grandes grupos de comunicación, pero de ningún modo, pese a las injusticias laborales, puede cubrir todos los acontecimientos. El cuarto poder, que vigila a los otros tres, deben ejercerlo los ciudadanos y no unos representantes que se arrogan todo el derecho a explicar lo que pasa en el mundo; otra cuestión es que el profesional se distinga del honrado patriota. En mi opinión, debe haber empresas informativas y grupos de comunicación sólidos, pero las informaciones (siempre que sean hechos veraces) que aporten los individuos resultan indispensables para mantener una democracia liberal.

Muchos quisiéramos que esta democratización de los medios se trasladase a la política, que pudiéramos dirigir a nuestros políticos durante la legislatura y no meramente aportando nuestro voto cada cuatro años. Las desventajas de la democracia representativa son incontables, como se ha puesto de manifiesto en los últimos años. Delegar el poder en unos individuos vinculados a los intereses partidistas es mucho peor que sentarse en la última fila del aula a escuchar una clase magistral. Para empezar, muchos políticos distan mucho de tener la inteligencia y capacidad pedagógica de algunos docentes universitarios. Y por si fuera poco, es con nuestras libertades –y nuestros impuestos, en el Estado del Bienestar– con lo que están jugando, amparados en el relativo beneplácito de la mayoría. Pero si las clases magistrales y la profesión periodística son cuestionables, ¿por qué no la profesión política?


Fue el historiador liberal Lord Acton quien postuló aquello de que la democracia, entendida como la dictadura de la mayoría, no es mejor que cualquier gobierno absoluto. “La prueba más segura por la que podemos juzgar si un país es realmente libre”, señala Acton, “es la seguridad de la que gozan las minorías”. Para saber en cada caso qué es lo que desean los ciudadanos, y no abandonarnos a la dictadura de la mayoría, nos gustaría que ese feedback fuese más allá de los sondeos de opinión o los blogs políticos y que las manifestaciones no concluyeran con un simple apretón de manos (las más veces, ni eso) y una promesa diplomática que sabemos no van a cumplir. La sociedad moderna nos permite controlar el poder de un modo que la antigua democracia ateniense no podía imaginar. Por supuesto, todavía quedarían muchos más dilemas por resolver, pero las tecnologías ofrecen un recurso útil en el que gastar tanto frenesí informativo.

La Democracia digital -o la Democracia 3.0- no deja de ser una utopía, pero cada vez nos lo parecerá más mientras observemos a las masas aborregadas a las que da igual ocho que ochenta mientras puedan llegar a fin de mes y emitan el fútbol por la Sexta, o en su ausencia, en Canal Plus. No hay cultura digital, no hay seguridad en la red, no hay preparación política ni económica, en suma, no hay madurez democrática, pero tampoco todos los blogueros poseen conocimientos periodísticos y no por eso se les niega la oportunidad de participar. Así está el periodismo, dirán los maliciosos... ¿Podremos algún día los que no nos sentimos representados en el Parlamento ejercer alguna influencia inmediata en las decisiones de la nación?
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2 comentarios

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Pikatoust
admin
21:21 ×

Primero, enhorabuena por este maravilloso análisis del Periodismo 3.0, relacionado con la democracia y la enseñanza.

Segundo, comparto tu percepción sobre cómo hay dos formas esenciales de enfrentarse a la exigida participación estudiantil en las clases a los profesores: o el inútil que trata de esconder su ineptitud con la participación de los alumnos (de estos he tenido a una cuya foto podría aparecer al lado de la definición en la enciclopedia) y los que no solo se valen de esta herramienta para enseñar, sino para aprender, para crear sinergias y fomentar nuevas vías de aprendizaje.

Tercero, creo que la democratización del periodismo en realidad no es un peligro para el periodismo tradicional, sino un juez y vigía, un examinador que escrutina de forma constante la labor de los periodistas y que no deja pasar ni una. Y que llega a donde el periodista no puede llegar y antes de que éste lo haga en caso de poder. Por eso, la presión que este periodismo ejerce sobre los profesionales es para mí suficiente incentivo para mejorar, sea o no sea un periodismo de calidad, simplemente porque la gente acude a él cada vez más (el número de personas que se informa mediante blogs no deja de crecer).

Por último y respondiendo a tu pregunta final, creo que no. Inventar un sistema de participación política tan perfeccionado es absolutamente inviable. Por eso tu pregunta me ha parecido más bien retórica que real. Tú me dirás, porque me gustaría saber qué respuesta le darías.

Un saludo,

MER

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Samuel
admin
16:34 ×

Por lo que me han dicho, los hackers estarían constantemente haciendo fraudes y no sería un método seguro. Pero tal vez algún día funcione. Si no se hace nada, desde luego que los políticos no tomarán la iniciativa.

Me parece evidente que eso de la partitocracia representativa tampoco es nada seguro, ni digno, por lo que las listas abiertas también serían de agradecer.

Un saludo.

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