Fortunata y Jacinta: una novela de Benito Pérez Galdós

Sepa el lector que aquí es una tradición (desde el año pasado) recomendar alguna obra literaria de renombre con ocasión del veintitrés de abril, Día del libro. Como sabe, en esta fecha se conmemora el número del calendario que Dios escogió para llevarse a dos grandes genios de las letras españolas e inglesas: Miguel de Cervantes y William Shakespeare, respectivamente. Imagínese en qué grata conversación ascenderían, atravesando las nubes, dejando abajo un mundo mezquino incapaz de reconocer sus méritos. Ha quedado su memoria, sin embargo, grabada para las generaciones futuras y aquellos que quieran desempolvar, después de muchos siglos, su legado.

Pero nosotros hemos escogido, para su disfrute, uno de los más grandes dramones de sobremesa con el que en ninguna manera podrían competir los culebrones venezolanos. Por supuesto hablo de Fortunata y Jacinta, una novela que debería leerse bajo la luz del sol, en mitad de la digestión y, a ser posible, en Madrid, para más grata vivencia del paisaje que se pinta. Aunque, bien mirado, Galdós supo traer Madrid a todas partes y llevarnos a todos, desde el más provinciano hasta el último bohemio, a nuestra Villa y Corte, con que no le será difícil aparecer por allí con un mínimo esfuerzo de la imaginación.

La gran obra realista, comparada no pocas veces con las más eminentes de su momento (Los hermanos Karamazov, Madame Bovary, La Regenta, etc.), se traduce en una historia lacrimosa de difícil descripción. Galdós indaga en la psicología de dos mujeres de opuesta posición social en el pleno Madrid fin de siècle. Crea personajes secundarios que partiendo del tópico revelan formas de pensar muy propias de su tiempo. Matronas capitalistas, clérigos reaccionarios, filósofos de café, beatas sin número, señoritos burgueses y jóvenes casquivanos conforman el retrato costumbrista de una ciudad inolvidable y una época en la que ya se debatían asuntos de trascendencia que en la actualidad aún no han quedado resueltos. Galdós imprime, sin dejar de profundizar en la individualidad de cada personaje, una caricatura perfecta, un melodrama colosal, en el que Fortunata -a mi juicio eje central de la obra- se ve obligada a elegir entre ser una señora decente u ofrecerse a los designios del amor. Su lucha interna, reflejada en múltiples meditaciones y los distintos escenarios que frecuenta, ostentará el carácter de una mujer azuzada por los impulsos naturales bajo la opresión de un ambiente encorsetado, mecánico, sin indulgencia ni empatía hacia su deriva vehemente. La voz de la lógica y el pragmatismo serán una constante en el transcurso de la trama, y a la postre, entrará en conflicto con el sentimiento espontáneo de la naturaleza humana.

Hay en la obra, aparte de una magnífica sucesión de escenas y un curiosísimo retrato de los personajes, numerosos aspectos psicológicos en los que el autor se adentra, como por otros mundos, para regresar más tarde al meollo central. Así cada uno alcanzará sus momentos de gloria, en los que casi podremos distinguir sus pensamientos más íntimos, su individualidad, su arranque espontáneo, los matices de su motivo. En cada personaje parece pervivir, bajo la pezuña del despotismo convencional, un irrefrenable deseo de libertad, de vivencia propia, de autosuperación; el deseo de cambiar su destino aunque tenga que obligar a otros a cambiar el suyo. Sin embargo, cada personaje está rendido a su círculo social, a sus sentimientos personales o concepciones del mundo, y no puede trocarlos para satisfacer el deseo del otro.

Retrato de Benito Pérez Galdós. Por Joaquín Sorolla. 1894.

En cada palabra de Galdós se esconde, como todos sabemos, un guiño frustrado al espíritu del capitalismo, una síntesis afectiva de la mentalidad liberal, no sin una descarnada crítica a las costumbres burguesas, a la falsedad de la beatería decimonónica y una exaltación de lo que entiende el comportamiento positivo de los seres humanos, instigados siempre por la naturaleza de su especie hacia los impulsos irrefrenables que ostentan. No nos oculta la ventaja del uso de la razón, oponiéndola al dogmatismo de gentes que, creyéndose servidoras de Dios, obedecen a sus impulsos y sentimientos primitivos, observables, humanos. En Fortunata y Jacinta se traza, además, partiendo de la figura de Jacinta, una imagen imparcial de la pureza maternal adherida al sufrimiento femenino. Galdós no descuida ni aún los más pequeños detalles, pero dejando al lector un hueco para la imaginación y otro para la picardía.

La novela, publicada entre 1886 y 1887, supone un retrato de la época que, amén del goce estético a los literatos, dará una idea de las costumbres burguesas como de los valores y principios de las gentes de la época. Organizada en cuatro partes, dicen los entendidos que se asemeja a la forma habitual de las sinfonías y que, a través de esta técnica, el escritor canario pretendía representar en la estructura narrativa la dualidad pragmatismo-sentimentalismo que se repite durante toda la novela, ajustada no obstante al hilo narrativo. De principio a fin, el lector encontrará las habituales descripciones de la novela realista, que procura contextualizar a los personajes a través de su pasado, su condición y sus acciones para mayor precisión en el retrato psicológico. Descubrirá, si es de mi opinión, que el personaje femenino retratado posee no pocas diferencias con la creación de otros escritores realistas, como la Ana Ozores, de La Regenta de “Clarín”, pero que responde sin duda a esa manía de los escritores de entonces por narrar una historia de adulterio, de matrimonio o de amor frustrado a través del análisis de una mujer peculiar. Es, en cualquier caso, no diré una obra de obligada lectura, sino de una indiscutible fruición estética que sólo puede brotar del capricho personal y espontáneo.
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6 comentarios

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15:01 ×

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Anónimo
admin
18:07 ×

Sé de alguien a quien le va a entusiasmar esta recomendación, precisamente hoy. En fin, muchas gracias de nuevo, Samuel. Usted siempre tan necesario en estos tiempos que vuelan!!

Un abrazo


Marta

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Anónimo
admin
18:08 ×

Anda! Los cigarrillos parlamentarios también leen La Gacetilla! Oh, si es que no puede ser... Qué nivel tienen algunos! Estás intratable!

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Samuel
admin
22:33 ×

Usted sabe que, desde que entró en vigor la Ley antitabaco, los pobres han tenido que emigrar de las bocas que tantos mimos les daban. A buen sitio han venido a ocultarse.

Saludos cordiales.

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Anónimo
admin
11:50 ×

Hola, Samuel. Soy compa�ero de tu clase y he encontrado este blog por casualidad. He le�do muchos de los art�culos y me han sorprendido bastante.
Tus cr�ticas literarias son tremendamente ilustrativas. Yo no he le�do la obra, pero no dudar� en hacerlo.
Ser�a muy grato leer alguna entrada sobre poes�a.

Esteban Ord�ez Chillar�n

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Samuel
admin
00:16 ×

Creo recordar que me comentaste un día un artículo. Gracias, de todos modos, y bienvenido.

No suelo escribir poesía, la verdad. He hecho algunos intentos, imagino que como todo el mundo, pero nada que merezca la pena.

Un saludo.

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