El reloj que nos matará a todos

Un reloj que se despide continuamente del tiempo da los segundos, los minutos en la habitación donde un ser humano se derrite. Un reloj cuadrado, amarillo, de números mayúsculos, que siempre llega puntual y distrae a sus amos con su misterioso tic-tac, tic-tac, tic-tac que desde tiempos inmemoriales ha compendiado la voz de los relojes. El hombre que se derrite tiene un aspecto lamentable, mando de la tele en mano, como si ya no entrase aire por sus narices ni se desprendiese sudor de su epidermis. Sus ojos echan un vistazo lentísimo al reloj, tratando de descifrar su denotación metafísica, el intríngulis de su razón de ser. Abrumado, el irracional sujeto se levanta del sillón, descuelga el reloj de la pared y comienza a golpearlo contra su pierna derecha con la intención evidente de romperlo. El hombre gime con errabundos quejidos al ver que no lo consigue y comienza a darle de puñetazos y de patadas, como un simio en el que hubiese resplandecido de pronto la llama de la voluntad. Echa el reloj al suelo, desistiendo al fin, y se queda absorto contemplándolo, ahí tirado, mientras escucha el macabro tic-tac, tic-tac, tic-tac que resuena interminable en su mente.
Siguiente
« Anterior