La Soga de Hitchcock. Todo sucede en una habitación

La Soga (1948) es una película macabra. Desde el primer momento conocemos los rostros y los nombres de los asesinos y a lo largo de toda la historia permanece oculto ante la cámara el cadáver de la víctima. Pero amén de un guión lúgubre -adaptación de la obra teatral Rope, de Patrick Hamilton- el thriller representa en sí mismo una virguería audiovisual. Era la primera obra que Hitchcock hacía en color y la única que hizo con un solo plano. A excepción de las primeras imágenes, en que se contempla un típico paisaje neoyorquino, el resto de la película transcurre en la misma escena del crimen. La cámara va moviéndose por la casa, sorteando los muebles y las personas, en aparatosos travelling. Tomas inmensas. Prácticamente en tiempo real. Una muerte lenta. En lo que en otro podría haber sido un fracaso, Hitchcock supo gestionar la intriga hasta el último segundo de la última toma.

La película, aunque pálida, no resulta pesada porque desde el principio el espectador penetra en el alma retorcida de los personajes y siquiera por un instante se siente culpable del crimen porque lo ha visto. Después llega, como siempre, el castigo del criminal, que no es la policía, sino el temor a ser descubierto, la vergüenza latente de haber cometido un acto injusto que la razón disculpa, o incluso, ensalza. Toda la obra es un canto al crimen, al crimen novelesco, una exaltación del personaje capaz de cometer el crimen perfecto, para adentrarse más tarde en el seno de la imperfección, las circunstancias reales, los imprevistos, la demostración de la imbecilidad humana, tan vergonzosa para el hombre con delirios de grandeza.

El argumento parece consabido y, a diferencia de otras de Hitchcock, escasamente retorcido. Pero cada objeto, cada frase, cada acto construye la personalidad patológica de los asesinos. El crimen es lo que importa. La exaltación del crimen. La ideología, tan próxima al nazismo, también. Sería infantil decir que La soga simplemente es una advertencia, una historia moral, un psicoanálisis del superhombre que ha llegado a su culminación y convierte sus palabras en hechos: eliminar al débil. Además es una gran narración artística, que nos deja estupefactos con la imagen de un malvado pedante y un joven tímido, criminal inexperto, que lo ama y le teme. Dos perfiles cuidadosamente escogidos, genialmente interpretados por John Dall y Farley Granger. Mucho ambiente universitario americano, mucho siglo veinte, pero sin salir de casa.

Cuando uno recapacita, se da cuenta de que las acciones antes planeadas acaban enfrentándose siempre a circunstancias inesperadas o simplemente se embarca en un desarrollo secuencial imparable que lleva a un lugar desconocido. Una vez que estás metido hasta el cuello ya no puedes salir. Se dijera que la cámara hubiera atrapado a los culpables entre sus cuatro ángulos y a cada instante caminaran inconscientes de que todo se ha visto, de que les conocemos y de que sabemos quienes son. Las horas siguientes al crimen son intensas. Los criminales llevan al muerto dentro de sí; el cadáver está allí, en el ambiente, por todas partes. Lo llevan escrito en los ojos y tatuado en los pelos de la lengua. Está en las conversaciones, en los cuadros, en el suelo, detrás de las cortinas, en la puerta, en un copa. Todo lo que acontece, hasta la más mínima excusa, tiene que ver con el crimen. El mal está presente y se respira a cada paso. No es posible ocultarlo.

Pero aún hay más. Un James Stewart entra en escena con su habitual picardía y carácter de intelectual selecto, aunque de aires solitarios y maniáticos. Su olfato para meter las narices donde no le llaman nos conducirá a un monstruoso interrogante, muy de moda entonces, tres años después de la Segunda Guerra Mundial. ¿Es legítimo cometer un crimen, amparándonos en que somos seres superiores? Dejemos que la cámara y un final apoteósico nos aclaren las dudas.
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3 comentarios

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13:56 ×

Celebro tu regreso, Samuel. Tus críticas de cine clásico son deliciosas y tus relatos, como el de más abajo, sobresalientes. Pero he intentado entrar en tu otro espacio, "El ojo derecho", con la intención de leer tus artículos, y no he podido porque, según dice, no existe. ¿Lo has cerrado o se trata de un error?

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Samuel
admin
17:35 ×

Disculpa este pequeño desliz. Estaba de reformas y tuve un pequeño percance. El enlace ya vuelve a estar habilitado. Celebro tu vuelta y espero que hayas disfrutado tus vacaciones en Londres.

Un saludo.

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02:50 ×

Sin duda, una gran película. Recuerdo que hace un par de años la dieron en televisión y yo, que no la había visto antes, me quedé impresionado por el inmenso talento del gordo inglés.

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