Contra el capitán

Uno se levanta después de un largo rato de agonía y hastío, sale un momento a tomar el aire, y de paso, vomita por la borda la bazofia que durante largo tiempo ha estado engullendo. Otros prefieren permanecer en la bodega, bajo la febril atmósfera embriagadora, con la nariz tapada, los ojos cerrados, los oídos taponados y la lengua atrapada entre los dientes para no mandar al infierno a su capitán. Unos y otros, al cabo, albergan un sentimiento parecido, que sobrevuela el enrarecido ambiente, pero aspiran a lograr un temple que sólo podrá verse reducido por el peligroso culto a la esclavitud, que es la enfermedad que acaba acarreando todo el que desafía el desafinado cántico de las sirenas. Sólo unos cuantos botarates, amarrados a los mástiles, consiguen resistir las alucinaciones de la larga travesía. Pero la tempestad maldita persiste y, a la postre, como todo marinero que se precie, anhela alcanzar gloria y fama antes que el capitán del navío recuerde su nombre en la hora cumbre. Y pardiez que no es desdeñable ese deseo.

Los pobres lobos de mar, que han avistado tantas goletas asomando por el horizonte con la bandera equivocada, tienen los ojos escépticos de un espadachín borracho. En el momento cumbre de la trifulca, uno echa mano a la espada y se la ensarta a su contrincante en el corazón, de donde empieza a brotar sangre a borbotones hasta empapar el suelo del camarote. No se deja llevar por el murmullo de los vientos, y cuando el capitán da una orden, él siempre espera hasta que esté lejos para blasfemar. Cuando nadie le ve, rapta a una bella esclava en un puerto enemigo y se la lleva a la bodega para su regodeo personal, y siempre a oscuras. Luego le sorprenden sus colegas, y tratan de arrebatársela, pero él se abre paso con el terror que inspiran sus pistolas y sale por la ventana con ella al hombro. Nunca abandona el barco sin el permiso del capitán, pero entretanto que está en las alturas, con la vista en el horizonte, es el primer cerebro que concibe la idea de un motín. ¡Qué gran ventaja sería dirigir el barco hacia las islas felices!

Pero la idea del motín es demasiado sofisticada para él y sus suspirantes colegas y se limitan a respirar el aire, contemplar el mar calmo, mientras el hambre les quema el estómago y caen una tras otra sobre cubierta las víctimas del escorbuto. Saben que deben irse pronto de allí o morirán, pero ninguno tiene la valentía para abandonar el barco y mucho menos para alzarle la voz a su capitán, que no es el oficial de la vieja escuela con el que ellos siempre habían soñado. Pero están solos y pensativos, con el pecho desnudo a los latigazos del sol, dispuestos a abalanzarse sobre cualquier galera de bandera extraña que les salga al encuentro y expresar toda su ira al grito de “al abordaje”. Saben que cualquier día de estos una fría y desnuda hoja de hierro acabará quitándoles la vida. ¿Pero qué les importa, si saben que han de morir o llegar a su destino? Nunca sabrán lo que habría sido de ellos de haber echado al capitán a los tiburones y llenar sus barrigas de ron hasta que la vida les pareciese una risa larga y perezosa. Pero tampoco sabrán, pobres diablos, lo que habría sido echar un bote al agua y escapar hacia lo desconocido en busca de un barco mercante que los tratase bien y donde los marineros no muriesen de hambre o de frío antes de llegar a un destino que no les entusiasma. Acaso también se librarán de caer en las manos de unos desaprensivos bucaneros, aún peores que su malvado capitán, que les hiciesen recordar los insufribles trabajos de su antiguo navío, así como los hebreos en el desierto clamaban por volver bajo el yugo de Egipto. Es una pena que nunca experimenten el amargo sabor de la libertad y se asomen por un instante al precipicio de la muerte. Tal vez, no obstante, algún día, cuando tengan su propio barco, oigamos ruido de cañones. Y entonces será su capitán quien lo lamente.
Siguiente
« Anterior

2 comentarios

Click here for comentarios
Esteban
admin
20:03 ×

Me quedo con esa deliciosa ligadura entre libertad y muerte, y muerte por todas partes disponible.
La verdad es que tienes un trazo depuradísimo, totalmente envidiable.¿Estaría bien que colgaras más de estos?

Un saludo,

Esteban

Por cierto, me gustaría que te pasaras algún día por mi blog (http://larenovaciondelaspalabras.wordpress.com)y me comentaras qué te parece. Por su puesto, con toda sinceridad.

Responder
avatar
Esteban
admin
20:04 ×

Perdón, equivoqué arriba los signos de exclamación por los de interrogación.

Responder
avatar