La empalagosa pesadilla de Stephen Daldry

Qué patrioteros los españoles cuando de fútbol o de cine se trata, pero la gente de buen gusto, si quiere dar opiniones con tino, debe alejarse de esa vulgaridad subvencionada por la Generalitat, donde una de las protagonistas estudia un máster en Identidad Catalana -¡qué detalle!- y la historia, simplona y de argumento fácil, parece introducida con calzador en el estrecho zapato propagandístico en el que algunos decidieron enclaustrar el arte. Se diría que el talento de Woody Allen, como siempre presente, salvaría algo la historia, pero desde el momento en que nuestros actores patrios abren su elocuente y gruesa boca en rudo castellano corriente lo echan todo a perder. No sigamos por esta senda, que esto sigue siendo un blog serio y hemos de evitar a nuestros lectores interminables berrinches lo mismo que malas digestiones y eternos duermevelas.

Preferimos hablar aquí de otra película que, en una esfera muy superior al paletismo patológico de nuestros actores, nos parece un insoportable dolor de cabeza. Hablo de The reader, de Stephen Daldry, por el que se ha premiado a Kate Winslet a la mejor actriz. La película es, desde el primer momento, engorrosa, luego se vuelve sentimental y acaba siendo una reflexión política sobre la culpa alemana; a quienes gustan del cine erótico seguramente les parecerá una bagatela, y a quienes hayan visto Vencedores o vencidos una cuestión poco trabajada y no lo suficientemente expresiva. Pero hay que decir algo a favor de esta película: Stephen Daldry, el desconocido director de Las horas, tiene la virtud de trabajar a los personajes. Y eso es algo que se agradece, en cualquier caso, aunque como en The reader la historia transcurra insoportablemente lenta y a menudo desemboque en continuo y vicioso asombro.

Se ha recriminado al director que en la película no salgan escenas de los campos de concentración. Eso es, en el fondo, lo que ha logrado Daldry. No ha creado una gran historia ambientada en la Alemania nazi, repleta de circunstancias horripilantes y situaciones angustiosas; no ha hecho lo que cabría esperar: una Alemania grande y luminosa que poco a poco va oscureciéndose, con los discursos de Hitler de telón de fondo y los judíos sufriendo sobre sus espaldas la suela del dictador. Daldry ha preferido más bien meterse en los zapatos del alemán corriente, que no ve la historia desde la actualidad y sólo vive su propio drama individual al margen de los acontecimientos políticos, o incluso, de las circunstancias terribles que experimentan las minorías en primera persona. Quizás por eso el filme se nos presenta como una película de personajes y utilice los elementos más humanos de la vida para envolvernos en el ensueño alemán. Por eso podemos decir que El lector es una película caprichosa, pero que dejará insatisfechos a los que hayan depositado esperanzas en una gran historia de amor o un terrible drama. No es nada de eso; requiere cierta imaginación y ganas de sentarse a llorar con los alemanes. Gustará, tal vez, a los que hayan visto Las horas y descubran la marca del autor en su obsesión por dibujar al personaje y hacerle pasar por circunstancias, al principio, melancólicas, luego trágicas y por último incurablemente tristes, hasta rayar un sentimentalismo que en El lector se vuelve empalagoso, indescifrable, casi casi sin fin. Habrá de pasar, no diré como una película más, sino como un mal sueño que olvidaremos con el tiempo.
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