"El conocimiento inútil" de Jean François Revel, pensador liberal francés del siglo XX

El conocimiento inútilEs uno de esos libros que todo periodista debe leer si quiere ser una persona íntegra. Se trata de un ensayo liberal en el que Jean-François Revel habla de la manipulación ideológica y el uso interesado del lenguaje para el control de las masas. Si bien Revel lo escribió poco antes de la caída del Muro de Berlín y los ejemplos que establece son historia pura de la Guerra Fría, la mentira publicada sigue siendo el patrón de los medios de comunicación del mundo actual. ¿Por qué, si tenemos mayor acceso a la información que en ninguna otra etapa de la Historia, preferimos seguir anclados en la mentira? Revel describe la tendencia humana, en definitiva, a reconstruir la realidad de acuerdo a nuestras propias ideas preconcebidas, creando grandes baluartes de opinión dirigidos a ocultar una verdad que creemos dañina para nosotros mismos y para los demás.
No sólo en los medios de comunicación; la mentira está en todas partes donde no se quiere conocer la verdad. No siempre son mentiras flagrantes, pero sí lugares comunes, tópicos ideológicos, que constituyen la comidilla de las tertulias y rutinas de juicio que se aplican a multitud de situaciones que se desconocen; pasan, además, inadvertidas. Revel, cuya vida ha estado marcada por ese desafío constante a los mitos de la izquierda, lo sabe de buena tinta. Más todavía en aquellos años en que, cuando la Unión Soviética aún estaba en pie, la izquierda magnificaba la afloración de un nuevo fascismo en Europa, culpaba a Estados Unidos y el capitalismo de la situación del Tercer Mundo y miraba hacia otro lado cuando se mencionaba los crímenes de la China de Mao, la Cuba de Castro o la Nicaragua sandinista.
Todas esas opiniones mal informadas, descaradamente interesadas, influyen en la creación de la opinión pública. Los ciudadanos, creyendo que leen información, se encuentran interpretaciones sesgadas en las noticias, escuchan la historia contada de acuerdo a conceptos ideológicos provenientes del marxismo, hasta que toda noticia acaba encajando en el gran edificio que constituye a la postre el cerebro de un ciudadano bien formado. Un ciudadano que, creyendo que sabe la verdad, tan sólo manifiesta una conducta moral, donde el dato apenas tiene importancia pues la ideología está por encima de todo. Todo consiste en decir, volver a decir, repetir mil veces lo que uno piensa, creando realidades mediáticas, objetos que lanzarle a la cara al contrario. La verdad no importa, pues si uno la dice podrán pegarle alguna etiqueta injuriosa; fascista, racista, nazi, nazi, nazi. No sólo la verdad, toda la verdad, no importa, sino que además es lo que construimos con nuestras propias herramientas: la aplicación de distintas varas de medir, la utilización de los argumentos como trinchera en la que refugiarse del contraste, el enfrentamiento de ideas, la comprobación.
Jean-François Revel, pensador liberalLa pluma de Revel, ya en su tiempo, como explica Vargas Llosa en este excelente artículo, resultaba demoledora. Su defensa del conocimiento por encima de la pose intelectual aún hoy parece demasiado políticamente incorrecta. Su acendrada crítica a la pasividad de Occidente y la presunta impunidad de los medios todavía resuena hoy como un reproche continuo hacia el conformismo, la irresponsabilidad, la banalidad de quienes pretenden configurar a toda costa el pensamiento de los individuos. Las ideologías, lejos de haber muerto, se hallan en mayor auge que nunca y las gentes siguen tratando antes de tranquilizar la conciencia que de asegurarse, empleando todos los recursos disponibles, de encontrar una posición intelectual únicamente fruto del exhaustivo examen de los hechos. Lo demás, para qué engañarnos, no son opiniones bien fundadas de personas inteligentes pero mal informadas. Son falsedades que, inconscientes o no, configuran una imagen distorsionada del mundo. Revel nos lo cuenta, con la mordacidad y la vehemencia que le caracterizan, en un libro que parece pasar inadvertido y, quizás por eso, casi todo permanece inmutable desde el momento en que lo escribió.

Descargar aquí El conocimiento inútil, de Jean-François Revel.

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