Hasta que sueño

El llano de la escalera es antiguo; hay escalones antiguos, lámparas antiguas, una portera antigua. «Hola», digo. Las alfombras son rojizas y amarillentas, la pared bruñida y antipática, los buzones de metal grisáceo y abollado. «Buenas noches», se vuelve la portera. Inclinada sobre una mesa camilla, bajo la escalera, se me había quedado mirando. Yo, de pie, en el vestíbulo, fatigado, soñoliento, trajeado como un burgués pasado de moda. No le hago caso. Huele a escalera, a orín de gato y a lejía. Las cucarachas intentan subirse a los camales de mis pantalones. La escalera está oscura y parece de humo; por ella descienden ángeles entonando melodías oníricas. Mis pies sonámbulos suben por la escalera. Uno, dos, tres escalones. Y mi cuerpo continúa el transcurso fácil de tan mecánicos movimientos. En un santiamén, estoy en la cumbre gris del edificio; una buhardilla con vistas al mar. La severa puerta me recibe con los brazos cerrados. Entro en la habitación y una bola de sebo blanco, con dos botones negros clavados con chinchetas, corre a chuparme los zapatos. Lo conocí ayer al despertarme; lo llamo Morfeo. Yo avanzo, avanzo, avanzo... haciendo algunas eses por el tenebroso trastero. Muerte negra, sombríos muebles, monstruos de medianoche, paparruchas de niño o de enfermo. Bobadas. La cama es un colchón blanco de plumas que abrazan mi cuerpo lleno de rasguños y fatigas; mi estómago hace ruido, siento una lengua lamiéndome la cara. Una lengua de perro. Morfeo, mi querida bola de sebo blanco, tiene nariz gris y ojitos dormilones; chupa la carne como un condenado y me pone las patitas sobre las piernas. Se mueve por encima de mi cuerpo como si yo fuera un muerto. En realidad no estoy dormido. Intento defenderme en la litera de abajo, balbuciendo, murmurando. Le obligo a bajar de la cama con un gesto autoritario; subo las escaleras sin darme cuenta. El techo es muy gris y desnivelado, pero cuando cierro los ojos se vuelve indistinguible, del color de mis recuerdos. Oigo unos pequeños ladridos impertinentes y tristones, allá abajo, sobre la madera, de una bola de sebo blanca y alargada que da vueltas por la habitación hasta que se cansa y corre a acurrucarse en una esquina. Yo también estoy durmiendo.
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1 comentarios:

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Ariadna
admin
18:39 ×

hola que tal! permítame felicitarlo por su excelente blog, me encantaría tenerlo en mi blog de animes y peliculas .Estoy seguro que su blog sería de mucho interés para mis visitantes !.Si puede sírvase a contactarme ariadna143@gmail.com

saludos

Congrats bro Ariadna you got PERTAMAX...! hehehehe...
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