Hoy no publicamos artículo alguno

Con motivo del Día de los Inocentes, hoy 28 de diciembre, en que se conmemora con bufonadas y embelecos el infanticidio del que fue autor un tal señor rey Herodes el Grande hace cosa de dos mil años, La Gacetilla Literaria se abstendrá de publicar artículo alguno, ya que es harto notorio que se escoge este día para propagar patrañas, desarrollar argucias de muy mal gusto y hacer pasar un mal rato al mejor amigo con laberínticas cuestiones. Y cuando éste pobre se da cuenta de que lo han timado como a un chino, al final todos gritan «¡inocente, inocente!», dando así a entender que había alguna manera de darse cuenta del artificio y esquivar la fullería, sabiendo al menos el día del calendario en el que estamos.

Como digo, hoy correrán muchos ríos de tinta, seguramente habrá unos cuantos individuos que le monten alguna travesura, le hagan llamaditas telefónicas contándole historietas de María Castaña, le dejen recortables de papel pegados a la espalda y se regocijen en definitiva a costa de su ingenuidad y bonhomía, quitándole unos segundos preciosos de su tiempo, llenando su mente de advertencias a fin de que sea más avispado y no sea usted, pobre hombre, un inocente. Experimentará seguramente una sensación divertida cuando descubra que todo era una broma, que no debe usted sufrir tanto, pardiez, que le han tomado el pelo, que hoy, por Dios, la cosa no iba en serio. Mañana quizás sí, pero hoy podemos afirmar y afirmamos que todo lo que le ocurra será un cuento. No crea nada de lo que digan. Las facturas, los improperios del jefe, las chicas que se le declaran por la calle, todo, absolutamente todo es mentira. Los semáforos en rojo son, en realidad, semáforos en verde. Cuando la etiqueta de un libro pone que cuesta treinta euros, le están engañando porque es el día de los inocentes, pues quizás valga tan sólo veinticinco o veinticuatro. Debajo pondrá el verdadero precio y el vendedor le sonreirá. Cuando mire usted la hora y vea que son las ocho, eso también será mentira, para hacerle salir una hora más tarde del trabajo, y el reloj se ría de usted a carcajadas. Es usted, señor, ¡un inocente!, si cree que hoy el mundo funciona como los demás días. No deje que nadie le impida hacer hoy lo que usted quiere. Todo forma parte de la broma.

Le digo, lector, que hoy no artículo de La Gacetilla Literaria, que estamos muy ocupados preparando no sé qué cumpleaños de un amigo que decidió nacer, más chulo que nadie, el día de los inocentes. Aún con todo, creo que a él tuvieron que bautizarle y si alguna vez cometió alguna falta, no le sirvió de nada alegar que él era uno de los elegidos. Él es de los que, en la calle, va saliéndose siempre con la suya, logra enredar el cerebro de todo Quisqui y consigue siempre pagar menos por cualquier baratija de mercadillo o que le perdonen una multa de tráfico. ¿Se lo cree? Pues esto también es mentira. Suele ser hombre precavido y tiene cara de muy de pueblo, pero al cabo sólo hace valer su voluntad en su casa y de ésta hacia fuera es, lo que se dice, un buen hombre, una persona humilde, un inocente. Como él, debe de haber muchos otros que nacieron ese día del año y llevan en su carné de identidad ese símbolo de ciudadanía ejemplar que los hace teóricamente santos, pero que a nosotros se nos antojan sospechosamente pillines.

En definitiva, lector, que no, que no hay artículo. Un día tan serio como hoy no están los ánimos para eso. Fíjese como todos los periódicos se toman la licencia ―como una especie de carnaval periodístico en que hay que dar rienda suelta a los apetitos de la carne― aprovechando para colar alguna que otra mentirijilla, que hoy tienen patente de corso, barra libre y anuencia para mentir, con tal que al final del artículo añadan la coletilla: ¡inocente! Nos lo avisan ya, algunos, con el monigote recortable en la cabecera, para que sepamos que este día sólo El Mundo Today publicará noticias verdaderas. ¿Que si es cierto esto? No debe de serlo, no debe de serlo. Lo más gracioso ha de ser lo de algunos blogs, que habituados a contar chismes antiperiodísticos como los que aquí se cuentan, hoy aprovechen para emitir alguna digresión estrambótica y sensacionalista y a la postre reconocer, por primera vez en sus blogueras vidas, que es mentira. ¡Y que somos inocentes, nosotros, por creerlas! Lo cual es una verdad como un templo, pero no sólo el 28 de diciembre, sino todos los días del año. Qué buenos somos.

Bueno, lector, no sé qué hacemos aquí todavía, habiendo tanto primo al que dar la tabarra, si ya le he dicho que hoy no hay artículo en La Gacetilla. ¿Cómo? ¿Que no? ¿Que no se lo cree? ¿Cómo que quiere su ejemplar? Mire, señor, ya le he dicho que no hay artículo, que hoy no nos iba a creer nadie y no quisiera hacerle perder el tiempo con mi prosa, que seguro que hay mucha gente haciendo cola para tomarle el pelo. Esté usted seguro de ello; puede comprar cualquier periódico, le apuesto lo que quiera a que encontrará muchas más mentiras que de costumbre. En La Gacetilla, faltaría más, no perdemos el tiempo con esas milongas ni fiestas cuasi paganas, que ni sentido tienen, y sólo sirven para echar unas risas y hacer que la gente se olvide de sus sacrosantas obligaciones. Aquí, señores y señoras lectores, somos gente seria, y de ningún modo escribiríamos un artículo de broma para abusar de su paciencia. Eso se lo digo yo. ¡Ale, a buscar inocentes por internet!

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