Amanecer en la nada

El día amanece solo, mustio, ebrio de luces. Las rendijas de la persiana dejan entrever un más allá alicaído y decadente. Adentro la pared vieja y amarillenta es de humo, los retratos se hablan unos a otros con los ojos, el polvo parece una neblina de ausencias misteriosas. Se oye el lánguido gemido de un hombre echado sobre las sábanas tristes, carcomidas por el tiempo, que duerme como un ángel cansado que volviera de guerrear contra el demonio. Su cuerpo está forjado de íntimos desvelos; sus ojos pequeños, apagados, parecen haberse quedado inmóviles en alguna visión pasada. La molicie, el deshonor, la fiebre... El recuerdo de una batalla que no se ha librado, acaso unos hilos de carne recortados que todavía sangran, tal vez unas imágenes... unos sonidos... que aparecen de repente y al rato se esfuman. El hombre, que se dijera ya un esbozo en carboncillo de sí mismo, interpreta lentamente una sonrisa teatral mientras echa un desganado vistazo a la ventana. Pobre individuo. Con cuánto gusto estamparía la suela de su zapato en las posaderas de algún contemporáneo.
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1 comentarios:

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Valentin
admin
16:42 ×

OLA !!! MUY INTERSANTE SU BLOG

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Congrats bro Valentin you got PERTAMAX...! hehehehe...
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