La abuela Lola

La abuela Lola es pequeña y graciosa; lleva un jersey negro, una falda gris y unas medias de lana. Da pasitos cortos, apoyada en su gayato de madera, y cuando llega a cualquier parte intenta contener el aliento. La abuela Lola está sentada en su mecedora; desde abajo, parece una gran mujer de caballera plateada que ha visto muchas cosas y da sabios consejos a sus nietos. Habla muy despacio, como si temiera oírse, pero con la rotundidad de los años. A veces la abuela Lola bromea sobre sus propios achaques. La octogenaria está muy triste.

Dicen que está perdiendo la memoria, pero ella todavía procura, por las mañanas, en su mecedora de mimbre, acordarse de nombres y números. La abuela Lola vive sola, duerme sola, con frecuencia se queda observando pinturas religiosas con ojos de melancolía. A veces, para matar el rato, enciende la tele a eso de las diez. Después, horrorizada, la apaga. Llama a sus hijos por teléfono, y les cuenta mil historias. En la mesita del comedor, junto a su mecedora, tiene la prensa: ABC, La Gaceta y la revista Época. La abuela Lola no se anda con pequeñeces. Lee desde detrás de sus gafas negras. Alguna vez fue una mujer adelantada a su tiempo.

A la abuela Lola lo que más le gusta es sentarse en el balcón a escuchar los pájaros. En las horas muertas de la mañana casi ha distinguido el sonido de cada uno de ellos. Cuando riega las plantas, bajo el sol, los gorriones parece que vengan a saludarla. A veces habla con ellos. Son sus únicos amigos. La abuela Lola arrastra los pies por el pasillo, se prepara la comida mientras escucha la radio, con melindres de anciana cocinera. Está terminándosele el tiempo, pero la abuela Lola lleva un no sé qué en la mirada, cuando contempla los árboles, el sol, las montañas, que hace sentir nostalgia de un mundo ya olvidado. Se diría que sus oídos escuchan los sonidos de la vida como si se alejaran poco a poco en el silencio, mezclándose con sus recuerdos. Las imágenes de sus ojos han ido volviéndose borrosas. Cuanto levanta la vista, siente un humor frío en la frente y las mejillas que le hace recordar el paso del tiempo. Se queda a veces mirando desde su mecedora esas nubes lejanas que se han ido.
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1 comentarios:

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capriyunliuz
admin
18:07 ×

definitivamente un buen post...la abuela lola me recuerda a mi abuelita :) solo que la abuela lola parece haber entendido mejor el viaje de despedida que es la vejez :)

Congrats bro capriyunliuz you got PERTAMAX...! hehehehe...
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