La espiral del silencio, de Elisabeth Noelle-Neuman

Si hay algo por lo que el nombre de la socióloga alemana Elizabet Noelle Neuman es enormemente conocido en todas las facultades de periodismo –y en general, en todas las disciplinas de las ciencias sociales- es por su importante aportación al estudio de la opinión pública al formular su conocida teoría de la espiral del silencio. Sin embargo, la importancia académica de este libro viene corroborada también por una larga trayectoria profesional que forma parte de la historia y de la leyenda de Alemania. Noelle-Neuman, también conocida como “la dama de las encuestas”, es una celebridad en el campo de la politología y la sociología y ha sido asesora de altos mandatarios alemanes de la segunda mitad del siglo XX como Konrad Adenauer, Carl Schmitt, Helmut Kohl, o la propia Ángela Merkel. Fundadora junto con su marido de su propio instituto demoscópico, el Instituto Demoscópico Allensbach (1947), ha intervenido de manera notable en los sondeos de opinión relacionados con la democracia cristiana alemana.

Como muchos de los alemanes que vivieron la Alemania nazi, Noelle-Neuman también posee un pasado de los que pasan factura. Tal como reveló Christopher Simpson en la revista Journal of Communication en 1996, la esencia de la teoría del silencio de Noelle-Neumman debe su influencia al pasado filonazi de su creadora, que entre 1940 y 1942 llegó a trabajar para Joseph Goebbels en el periódico Das Reich y usó métodos del Servicio de Inteligencia del Tercer Reich en sus estudios. En el artículo, Simpson considera que la tesis de que los individuos tienden a ocultar su opinión cuando piensan que es contraria a la de la mayoría sólo puede nacer en un clima totalitario. Noelle-Neuman considera, en efecto, que la formación de la opinión pública es un proceso gregario, en el que los individuos tienden a adaptar sus comportamientos a los de la mayoría, o simplemente, a los que creen mayoritarios. Al contrario que la democracia deliberativa habermassiana, en la que las partes conflictivas dialogarían libremente en un espacio público de debate, Noelle-Neumann presenta una teoría de la formación de la opinión pública basada en la naturaleza social del hombre y el papel determinante de los marcadores de tendencias. Desde su perspectiva, la sociedad tiende a neutralizar el conflicto mediante el recurso a la imitación y esto se manifiesta a través de los medios.

Noelle Neumann, que además de su labor como socióloga desarrolló una espléndida carrera académica en la Universidad Libre de Berlín y la Universidad Johaness Gutenberg de Mainz, publicó sus trabajos de investigación en opinión pública en la década de los sesenta. En 1984 compendiaría en su obra más importante la conocida como teoría de la espiral del silencio. Ésta trata de dar una explicación a los procesos de creación y al funcionamiento de la opinión pública. Según su teoría, cuando los ciudadanos intentan formarse una opinión acerca de cualquier asunto, tienden a observar primero cuáles son las opiniones predominantes en su entorno. El miedo al aislamiento facilitaría que el individuo adaptase su opinión a la corriente mayoritaria para evitar el rechazo. De manera que las personas tenderán a guardar silencio, a no expresar las opiniones diferentes a las que perciben como predominantes en los medios de comunicación. Las opiniones que sean percibidas como las mayoritarias a través de la prensa, la radio y la televisión serán por tanto aquellas que los individuos tenderán a asumir. Hay una desconexión entre la opinión pública y las opiniones privadas, ya que los individuos, en su deseo de formar parte del grupo, callarán sus opiniones o recurrirán a la “autopersuasión” para adaptarlas al criterio que creen mayoritario. La batalla por la opinión pública se concentrará así en los medios de comunicación, que se definirán como un instrumento de control de la opinión pública. Noelle-Neumann reconoce, no obstante, que puede haber “diferencias culturales” entre unas sociedades y otras. Con todo Noelle-Neumann considera que se trata de una tendencia propia de la naturaleza humana y que en “todas las sociedades existe una presión hacia la conformidad” (p. 121).

La obra en la que Noelle-Neumann expone su teoría constituye una recopilación de estudios y ensayos acerca de distintas perspectivas de abordar la cuestión de la opinión pública. En los tres primeros capítulos Noelle-Neumann nos introduce en la hipótesis del silencio a partir de análisis de caso de algunos sondeos realizado su instituto demoscópico para seguidamente exponer su tesis sobre la espiral del silencio. La autora nos formula el problema, trata de convencernos de la importancia que tienen las encuestas y sondeos de opinión en las democracias actuales y cómo la publicación de sus resultados influyen de manera significativa en los resultados. Noelle-Neumman arranca su libro a través de dos anécdotas que influyeron de manera significativa en el desarrollo de la teoría. La primera, es el caso de un sondeo para las elecciones de 1965, en la que su instituto demoscópico hacía público en televisión la existencia de un empate técnico entre cristiano-demócratas y socialdemócratas, lo que avivó la moral de los segundos y repercutió en un crecimiento del 8% de los votos en los comicios (bandwaggon effect). La segunda es cómo un amigo suyo se puso un pin cristianodemócrata en la chaqueta y salió a la calle para ver qué pasaba y hubo de quitárselo por en aquel momento el clima de opinión era contrario a los cristiano-demócratas. Ella misma muestra su consternación por el vuelco electoral “en el último minuto” que produjeron sus investigaciones, planteándonos la hipótesis de partida: “¿cómo podíamos cambiar tan radicalmente las expectativas sobre el partido ganador, mientras la intención de voto de los electores permanecían constantes?”. Es este el punto de arranque de unas investigaciones que empezaron a tener en cuenta el hecho de que “las personas observan su medio social” (p.27) y centrándose no tanto en las opiniones de los individuos, sino en cuál es su percepción sobre lo que opina la mayoría. Las conclusiones a las que llegó esta nueva perspectiva de encarar los estudios demoscópicos, enfocándose sobre todo en cuestiones controvertidas, es que “los que confían en la victoria hablan y los perdedores callan”. Noelle Neumann introdujo en las investigaciones sociológicas los experimentos del psicólogo Solomon Alsh, según el cual los individuos podían decir una opinión en público contraria a la suya propia si creían que esa era la opinión más aceptada; es decir, la tendencia a creer que lo más aceptado es lo más razonable. Noelle Neumann propone dos elementos fundamentales que explican esta tendencia a la imitación: el aprendizaje y el miedo al aislamiento.

A pesar de la formulación de su teoría como un elemento novedoso, la autora dedica una serie de capítulos a demostrar que la teoría de la espiral del silencio ya se hallaba latente en la obra de filósofos y politólogos, aunque haya derivado en el estudio del control social (capítulos 3 al 10). Los antecedentes de la opinión pública llegan hasta el filósofo David Hume, que formuló que todo gobierno se basa en la opinión, o James Madison, que consideraba que cuando los individuos se unían adquirían “confianza” para manifestar sus opiniones, mientras que estos solos eran “tímidos” y “precavidos”. El principio de la amenaza es el que rige la formación de la opinión. Pero Noelle-Neumann sitúa como principal antecedente de su obra, aunque no fuera precisamente un estudioso de la opinión pública, a Alexis de Tocquéville, cuyas percepciones sobre la tendencia de las sociedades a la igualdad le llevaron a considerar que “el público impone sus opiniones” a la minoría y genera una poderosa presión sobre la inteligencia de los individuos, que tienen que abstenerse de pensar. Noelle-Neumman desprecia por tanto los estudios del siglo XIX sobre opinión pública centrados en qué papel debería jugar en el estado y quién es su representante (pp. 128-130) y considera que, a pesar de la presencia latente en el estudio del estado, no existía un estudio sistemático de la opinión pública, tal como lo define la autora, “como tendencia a la conformidad” o “acontecimiento psicosociológico procedente del miedo al aislamiento del individuo”.

Especialmente relevante es el estudio de las relaciones entre la costumbre, la ley y la opinión pública, que expone a partir del capítulo 10. A partir de algunas anécdotas extraídas de los estudios Colin Turnbull y Margaret Mead, Noelle-Neumann nos explica las armas que utiliza la opinión pública en el proceso de formación. El miedo al aislamiento está fundamentado en que verdaderamente se produce el desprecio público debido a la existencia de unas costumbres arraigadas. El mismo proceso sucede cuando los individuos violan las leyes, que son reglas comúnmente aceptadas; en el caso de las leyes poco claras, que dan lugar a la formación de grupos o bandas. Noelle Neumann hace énfasis en el instinto partidario de los pueblos primitivos, cuyos miembros “no adoptan un punto de vista particular según el tema, sino porque su grupo ha aceptado ese punto de vista” (p. 141). Es particularmente esclarecedor su análisis sobre las “penas de honor”, que no se circunscriben al mero castigo, sino al sometimiento del culpable a la vergüenza pública y como método de uniformizar la conducta social.

Las aportaciones propias de Elizabeth Noelle Neumann a la teoría de la comunicación se desarrollan a partir del capítulo 18, en el que estudia los efectos de los medios de comunicación en la formación de la opinión pública, la creación de las agendas por parte de los gatekeepers, el uso y reafirmación de los estereotipos mediante una tendencia a seguir la moda. Los medios crean “pseudocrisis” y “pseudonovedades” (p. 199.) para que se ajusten a lo que creen el sentimiento mayoritario, promover unos estímulos que satisfagan los intereses de la audiencia en un entorno competitivo y cambiante. Desde este punto de vista, se dijera que lo que no cuentan los medios “no existe”, si bien Noelle-Neumman admite cierta autonomía de la sociedad, definido en lo que llama “el clima doble de opinión”: el clima percibido por la población y el clima representado por los medios, una razón por la que considera que la teoría del silencio no siempre se cumple (p. 220). Los medios crean “pseudocrisis” y “pseudonovedades” para que se ajusten a lo que creen el sentimiento mayoritario, promover unos estímulos que satisfagan los intereses de la audiencia en un entorno competitivo y cambiante. Eso afecta a los individuos en que tienden a sobrevalorar los mensajes de los medios en lo que estos afirman sobre la mayoría. A pesar de su enorme poder, es imposible percibir los efectos de sus mensajes, ya que los estímulos creados por los medios no son los únicos que recibe el público y tiende a crearse un “totum revolutum” entre las percepciones directas, las conversaciones posteriores y los mensajes recibidos. Noelle-Neumann nos plantea esta supuesta tiranía indirecta e imperfecta de los medios de comunicación sobre los espectadores mediante una metáfora: la opinión pública como una piel que cubre y protege a la sociedad, pero que al mismo tiempo oculta lo que hay dentro, es decir, la suma numérica de las opiniones de los individuos particulares.

En los tres últimos capítulos del libro, Noelle-Neumann incide en que gran parte de las aportaciones sobre la opinión pública han pasado inadvertidas o se han dejado olvidadas y habla sobre la acogida de sus propias aportaciones y algunas de las críticas que ha cosechado. Noelle-Neumann considera que su teoría de la opinión pública sirve para rellenar las lagunas de la teoría democrática al no tener en cuenta “el miedo del gobierno y el individuo” a la opinión pública. Asimismo toma en cuenta la dificultad para comprobar de manera precisa cuál es la influencia de los medios en la opinión pública y propone las pautas para la comprobación de los supuestos en los que se basa su teoría: la amenaza del aislamiento, el miedo al aislamiento, la evaluación constante del clima de opinión y la expresión u ocultamiento de las opiniones. Noelle Neuman trata de fundamentar sus tesis y defenderse de las críticas en estudios posteriores que se han hecho acerca de la medición del aislamiento, reconociendo que el miedo al aislamiento carece de un carácter determinista.

Ciertamente la teoría de la espiral del silencio revolucionó los estudios sobre comunicación, hasta ese entonces basada en la teoría de los efectos limitados, propuesta por Paul Lazarsfeld en los años 40. Dicha teoría había tratado de desmitificar el poder la propaganda, concediendo al individuo la capacidad de interpretar y seleccionar los mensajes. A partir de los años 60, Noelle-Neumann vuelve a otorgar un papel preponderante de los medios sobre las audiencias mediante la inclusión del miedo al aislamiento y el ocultamiento de opiniones minoritarias en el marco de la “naturaleza social” de los hombres. La teoría de la espiral del silencio supone un avance importante en su formulación teórica porque abrió nuevas perspectivas de reflexión al introducir los efectos de los medios en los estudios de opinión pública y el carácter psicosocial de las relaciones entre opinión pública y opiniones privadas. Los avances tecnológicos en las actuales democracias de audiencia, la comunicación multidireccional propia de las sociedades posmodernas y una relativa superación de la brecha entre la opinión pública y las opiniones privadas favorece que los individuos tiendan no a callar sus opiniones individuales, sino a formularlas públicamente en una competición por la opinión pública. Este fenómeno es mucho más apreciable si tenemos en cuenta que el debate público, anteriormente circunscrito a los medios, se ha ampliado a las redes sociales de los individuos, que han crecido de manera exponencial gracias a internet. La pérdida progresiva de la influencia decisiva que los medios tenían sobre la opinión pública en la teoría de la espiral del silencio haya vaciado de fuerza sus tesis iniciales. Probablemente la brevedad del capítulo 17, dedicado a los “vanguardistas, herejes y disconformes”, como una expresión de elementos minoritarios, sea el meollo del cambio de actitudes y tendencias que el nuevo medio ha introducido en la opinión pública. No obstante, es un hecho crucial la formulación teórica del miedo al aislamiento, ya que sirve como elemento teórico para justificar una tendencia a la neutralización de las ideas minoritarias y que lo único que se haya producido es un crecimiento de la velocidad en la formación de grupos gracias al crecimiento de las redes sociales. Y esos grupos, por minoritarios que sean, tienen plasmación en una opinión pública multicefálica en un contexto social en el que el miedo al aislamiento ha disminuido porque la probabilidad de formar grupos afines es mayor. Dicha dinámica social, que afecta también a la naturaleza social del individuo, es compatible con la admisión de Noelle-Neumann de que puede haber variaciones entre culturas. La consideración de Marshall Mcluhan, definida en la máxima de que el “medio es el mensaje”, pondría de manifiesto que la naturaleza social del individuo no es inmutable y en las últimas décadas los nuevos medios técnicos han producido no sólo una fragmentación de las opiniones, representada en la proliferación de los medios y de las ideas políticas, sino una mayor tendencia a manifestar en público lo que se piensa en privado.
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