Miguel Hernández, ¿icono político o poeta revolucionario?

Ayer se cumplían 102 años del nacimiento de Miguel Hernández. La cantidad de comentarios que este eximio poeta ha despertado en la prensa y en las redes sociales me ha recordado el gran despliegue de marketing cultural que se hizo en los días del centenario. Como a un dios, todos intentan atraerle para su causa, haciendo de él casi una religión. Que si Miguel Hernández era ecologista, que si hubiera estado con los indignados componiendo poemas frente a la sede de Bankia, que si el autor de Perito en lunas hubiera estado con el dedo pegado a la tecla tuiteando poesía a diestro y siniestro... Historia-ficción, al fin y al cabo, de los que necesitan echar mano de una marca personal ajena porque carecen del coraje para defenderla por sí solos y porque sus ideales no levantan suficientes correligionarios.

Sin embargo, es la poesía de Miguel Hernández lo que a veces pasa inadvertido. Porque la poesía está en las cosas, y las causas son a veces mero ropaje contextual para la exaltación de lo bello. ¡Pero no, es que nosotros creemos en la esencia genética, genuinamente de izquierdas, atemporal, de Miguel Hernández! Se reivindica a veces a Miguel Hernández como un mártir de la Guerra Civil, y de que fue mártir, nos pasamos al paradigma de la no-violencia, y de la no-violencia a la resistencia pacífica como si estuvieran hablando de Gandhi, y eso que Hernández estuvo en la Guerra Civil y compuso poemas en el mismísimo campo de batalla. Y no diré que Miguel Hernández no fuera esto o lo otro, porque no hay duda de que lo era; y sin embargo, ignoramos hasta qué punto llega la banalidad tautológica de todo esto. Porque, puestos a hacer extrapolaciones, si Miguel Hernández hubiese estado en el bando fascista, ¿habría dejado de ser un gran poeta? Si en lugar de llamar “mariconazos” a Hitler y Mussolini en tono despectivo, y si hubiese luchado codo con codo con los fascistas, ¿habría hecho la misma poesía vibrante y arrolladora? “¡No, porque es la belleza de nuestros ideales, ah, lo que inspira su hermosa poesía!”, protestarán. Y así, lector, aprecian algunos a Miguel Hernández no tanto por haber sido un gran poeta y una gran persona, sino por haber sido el más poético defensor de entre los suyos, adornándolo con todas las virtudes del ciudadano perfecto según sus esquemas.

El mito político de Miguel Hernández
La historia exige dejar de creer en los iconos ideológicos y revolucionarios y comprender al Miguel Hernández persona, al Miguel Hernández humano. Miguel Hernández fue ciertamente un gran poeta, pero sigue siendo un hombre enclavado en un período histórico y en unas circunstancias vitales concretas. Aunque sé que soy impopular por decirlo, hay muchas cosas que él defendía que quienes le adoran seguramente no compartirían. Por ejemplo, hoy sabemos que el concepto del “poeta del pueblo” para el comunismo no es más que un intelectual orgánico, utilizado por los jerifaltes del poder como instrumento de propaganda. Y que la URSS, lejos de ser “convivencia y relación fraternal de los hombres en sus trabajos y en sus luchas” y la “patria espiritual de los trabajadores del mundo”, dicho por Miguel Hernández tras su viaje a la Rusia de Stalin, fue un enorme tinglado totalitario en nombre del cual se asesinaron a millones de inocentes. El poeta escribió este poema en su viaje a Rusia, cuando le invitaron al V Festival de Teatro soviético en Moscú, representando a la delegación de la II República española:
En trenes poseídos de una pasión errante
por el carbón y el hierro que los provoca y mueve
y en tensos aeroplanos de plumaje tajante
recorro la nación del trabajo y la nieve

De la extensión de Rusia, de sus tiernas ventanas,
sale una voz profunda de máquinas y manos,
que indica entre mujeres: Aquí están tus hermanas,
y prorrumpe entre hombres: estos son tus hermanos

Basta mirar: se cubre de verdad la mirada.
Basta escuchar: retumba la sangre en las orejas.
De cada aliento sale la ardiente bocanada
de tantos corazones unidos por parejas.

Ah, compañero Stalin: de un pueblo de mendigos
has hecho un pueblo de hombres que sacuden la frente,
y la cárcel ahuyentan, y prodigan los trigos,
como a un esfuerzo inmenso le cabe: inmensamente.
Y, sin embargo, la ofuscación política de Miguel Hernández, que es la misma que vivieron otros artistas en aquella época compleja y polarizada, no resta el enorme valor literario a este poema, ni a los que tratan de temas políticos, a diferencia de otros poetas del 27, que prostituyeron su talento al servicio del partido y convirtieron su poesía en propaganda. Miguel Hernández no deja de ser, sin embargo, uno de los mejores poetas que ha tenido España. Prefiero recordarlo por el El rayo que no cesa o su Cancionero y romancero de ausencias. Con el paso de los años, parece que se ha desvirtuado la imagen del oriolano al mismo tiempo que se le subía a los altares. Al acercarnos al Miguel Hernández histórico, se descubren algunas tristes verdades que nunca podrán ser aceptadas por el fanático, el sectario; que no hay héroes ni villanos, que la poesía nace de lo humano y la vida humana, en toda su lozanía y hermosura, sigue siendo una realidad compleja.
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