Cómo escribir cuando no estás inspirado

Decía Pablo Picasso, o vaya usted a saber cuántos seres humanos lo dijeron antes y después de él sin saber nada de Pablo Picasso, que cuando llegue la inspiración que nos encuentre trabajando. Y es que los artistas siempre se han resistido, por puro afecto a ese tierno estímulo del entusiasmo poético, a ponerse a escribir cuando no les apetece; en el fondo, están convencidos de que su poesía no es más que una enfermedad; aguardan a que les dé la epilepsis para sentir ese cosquilleo entre los dedos, poner los brazos en cruz y dirigir los ojos hacia ese más allá subterráneo que sólo ellos (nosotros) conocen para finalmente resolver el asunto con un eventual “¡la escritura me llama, tengo que escribir!”.

Pero no ha de ser la inspiración quien gobierne al escritor, sino éste a aquella; porque la inspiración es esa borrachera que no llega ni a la primera, ni a la segunda copa, sino a la tercera, dicho sea en términos báquicos. La inspiración no se fuerza, pero hay que ayudarla.

Y a veces no es siquiera necesario, pues tan pronto hemos superado nuestra vaguería natural se ponen los dedos sobre el teclado tratando de decirnos por qué no estan inspirados (que es siempre lo que más nos inspira).

Aún así siempre existen algunos ritos ceremoniales, propios de nuestro antiguo gremio, idóneos para hacer la llamada de la Musa, dicho sea en términos... ya está bien, dejemos estar las metáforas. Esto es lo que yo hago cuando no siento el impulso primitivo de la escritura:

1. Despertarme a las 6 de la mañana

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Abra los ojos, desperécese, vea que Dios ha creado un nuevo día. Como diría Andrés Trapiello: “por la mañana, ¡creación!” Descubra ese agradable silencio que casi se puede masticar cuando aún no hay nadie levantado; sólo los pájaros murmuran en algún lugar de los tejados y pasa de cuando en cuando algún automóvil mañanero escupiendo aceite negro.

Observe las ventanas, las persianas cerradas; imagine las historias terribles que ocurrirán ahí dentro. Monstruos, fantasmas, dictadores en potencia, secretarias parlanchinas, gente con mujer e hijos, mujer con marido e hijos, hijos con padre y madre, abuelos con nietos y nietos con abuelos, hermanos con hermanas y... dejémoslo estar, no hay por qué enredarse.

2. Poner música en el tocadiscos


No se compre un tocadiscos, digo tocadiscos porque queda más bonito.

Un poco de Mozart si sus dedos son nerviosos, o a lo más Beethoven, para realzar sus frases apoteósicas. Recomiendo el Réquiem del primero y la Sinfonía número 6 del segundo para los comienzos (depende del humor con el que se encuentre).

Olvídese de Wagner; sólo escribiría textos campanudos.

Utilice a Bach si quiere escribir algo serio; deléitese con Johan Strauss si quiere inventar personajes con traje de época; Chopin es apto para los ratos solitarios; Stravinsky para la experimentación y el harakiri literario; oiga a Vivaldi para la recreación poética de paisajes y lugares.

¿Tchaikovski? Es bueno para el amor y la guerra, pero para nada más. Utilice la Overtura 1812, lector, sólo si es estrictamente necesario.

3. Tomar un desayuno fuerte.


Dos croissantes con chocolate negro, un café con leche helada y cereales y dos coca-colas (ni cero, ni light, ni pepsi: coca-colas de 33 cl).

Añádale un sándwich de jamón cocido y se sentirá transportado a épocas antiguas. Después cinco tostadas con mantequilla y algunas galletas (que no sean con chocolate, ya lo ha tomado antes).

4. No hacer caso del punto 3.

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Es una solemne tontería y podría acabar escribiendo un libro como La... No, no lo diré. No quiero que me demanden.

Ni que me ahorquen.

Ni que me linchen.

Tómese un café negro solo y dos galletas. María (se llama así la marca, qué quiere que haga). Cuando haya terminado, tómese otro café negro solo y otras dos galletas hasta que sienta la inspiración (negra) corriendo por sus venas.

5. Construir el ambiente adecuado.


Una mesa camilla con tela verde en la esquina de su habitación bajo un enorme foco amarillo; en la mesa debe haber papel y pluma estilográfica, si sabe escribir a mano, o una tablet con cincel y martillo como las de los Picapiedra (¡no de Apple, por Dios, no de Apple!).

Ponga detrás de usted dos estanterías grandes llenas de libros. Con polvo (es importante que tengan mucho polvo y de la mejor calidad).

Luego ponga un gato encima de la cómoda; si no tiene un gato, ponga usted un cuervo o una iguana; si no tiene nada de esto ponga una estatuilla de Don Quijote (es lo que yo siempre hago). Y si no tiene una estatuílla de Don Quijote... ¡oh, sacrílego! Pues cómprese una cuanto antes o deje la escritura.

No es por superstición, caramba, sino por estética.

6. Mirar fijamente las agujas del reloj.


Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve...

Las agujas.

Dieciséis, diecisiete, dieciocho...

¡Mírelas!

No es para hipnotizarse. Sólo descubrirá lo molestas que resultan, y sobre todo, su ruidito antipático recordándonos que existe el tiempo.

¿Las ha visto ya? Entonces siga atentamente mis instrucciones: encontrará en algún lugar de la parte trasera (normalmente las ponen en la parte trasera) un objeto cilíndrico incrustado entre dos trocitos de metal.

¿Lo ve?

Es la vida del tiempo. Ahora utilice tres de sus mejores dedos (corazón, índice y pulgar) y desincrústelas de ese condenado aparatito.

Clinclunkclank.

Eso es. Se acabó el ruido. Pero el tiempo no ha hecho más que empezar.

7. Empezar a escribir.


Parece mentira, pero hay personas que no se dan cuenta de que es imposible escribir si uno no realiza el acto de escribir.

Ponga letras sin parar aunque no tengan sentido. Raye el papel. Destrócelo. Enfréntese con el espejo invertido de su alma.

Blanco, blanco, blaaaaaaaaaaaanco...

Agarre un pensamiento torcido y deposítelo ahí mismo; tendrá aspecto de indefensa hormiga y podrá mirar a la luz del foco amarillo lo pequeña que resulta.

Es un pedazo de alma.

Déjelo un rato descansar; la tinta aún estará fresca y podría lastimarlo. Después escriba: suavemente, compasivo. Verá que poco a poco se irá pintando el dibujo de usted mismo sobre el papel.

¿Usted también usa este método para inspirarse? Ciertamente internet es un país muy grande. Dígame cuáles son sus técnicas para que podamos intercambiar impresiones
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