Lo que pasa los viernes

Día de rezo colectivo para el islam, víspera del descanso para los colegiales y fiesta del follow friday en esa máquina infatigable que nos cuenta lo que pasa por el mundo, el viernes representa todo lo que amamos y desconocemos. Hubo una vez un hombre llamado Viernes; así lo llamó Robinson Crusoe porque lo encontró ese día. Ignorante, incivilizado, impersonal, extranjero, indígena, extraño e idólatra, no había nombre para él que revelase menos esa cualidad intrínseca de desnudez del alma en la que vivían los nativos. Viernes. Libre su cerebro de las ataduras de la civilización, distaba mucho de ser un hombre amoral; Robinson Crusoe y su amigo Viernes, que acabó abrazando el cristianismo pese a las primeras suspicacias del protestante, pudieron comprobar en la isla que el mito del buen salvaje no era más que una solemne tontería.

Hoy es viernes. El día en que a Don Quijote le daban lentejas en su aburrida hacienda manchega. El día de Venus, esposa de Vulcano, dios del fuego, en el calendario romano. Viernes. Para los cristianos, el día en que murió Cristo y el cielo, por unas horas, se cubrió de tinieblas. El viernes comienza el fin de semana para los judíos, cuyo domingo es el sábado, así como el domingo musulmán es el viernes, y el sábado el jueves. El viernes es el día en el que nunca hay fútbol, si es que es posible afirmar esto en la era de la globalización, donde ya no existe el espacio ni el tiempo. Pensándolo bien, es probable que hoy ni siquiera sea viernes, pues bastara que todo el mundo se pusiera de acuerdo para convertirlo en día de fiesta. Eso que llaman puente, como si el viernes fuese un simple riachuelo entre el jueves y el sábado. ¡Con la que está cayendo en España! Hoy es viernes, lector, el último día antes del fin de semana; el último día también se trabaja; si hacemos del penúltimo el último, y del antepenúltimo el penúltimo, el penúltimo se convertiría en último y por lo tanto en prescindible; entonces el antepenúltimo que es el penúltimo pasaría a convertirse en último y una vez más deberíamos renunciar a trabajar en el último día. No trabajaríamos nunca. Sería todos los días viernes, o sábado, y como siempre estaríamos acabando, nunca, nunca, nunca empezaríamos. Hoy es viernes, el día en que ponen los programas más cutres de la tele, a excepción del sábado noche, cuando entre zapping y zapping nos cercioramos de que el poder mediático en España está en manos de italianos de moral dudosa.

Cuando cae en 13, se dice que los viernes traen mala suerte en la cultura anglosajona. Afortunadamente hoy no es día 13, ni estamos en una cultura anglosajona. Sí estamos, aunque no nos demos cuenta; ¡pero no pasa nada! América ha aportado grandes cosas a la civilización; en el fondo, América no es sino el alter ego de Europa. Todos los que hay allí, a excepción de los indios que hayan quedado, son europeos de sangre. ¿Y a quién le importa la sangre? Pensándolo bien, la suerte no depende de los días de la semana, porque es suerte, y suerte son probabilidades, y las probabilidades dependen de los factores internos y externos. Y los factores internos y externos... Dejémoslo estar. Hoy es viernes. 2 de noviembre. Día de difuntos: nosotros. Hoy es el día de la semana en que yo estoy escribiendo este artículo. Espero que acabe pronto el viernes. O estaré aquí escribiendo hasta el día del juicio final. Que también, en sentido metafísico, será un viernes como el de hoy. O un sábado. En cualquier caso un domingo.
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